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martes, 11 de octubre de 2011

Fiera Domada

Su nombre me taladra el inconsciente llenando de demonios mi consciencia. Respiro sobre su nuca igual que antes tú lo hacías sobre su sexo. Ella no me ve, pero estoy ahí, aguantándome las ganas de arrancarle la piel a jirones, de morderle lo que le quede de alma y escupirla… quizá me envenene si la rozo… o quizá mi mierda sea más tóxica. Ni ella tan puta ni yo tan santa.

Tú, domadora de fieras, escondes los colmillos bajo las lágrimas. No me encierres en la jaula con ella, no me saques a la pista, no dejes que la huela, que sienta su presencia, que escuche sus pisadas. No quiero saber cómo la alimentaste con tu boca ni cómo lamiste sus heridas mientras ella te chupaba la sangre.

Llagas abiertas, marcas por cada resquicio de tu piel y tu memoria, intentando cicatrizar sin éxito. Te retuerces en el estiércol con el que abonaste las vistas de un dormitorio que ni siquiera era tuyo, mientras a mí me cortas la cabellera y las garras para poder protegerte en mi regazo.

Eres tú quien me ha hecho creer que existe la libertad aunque esté encerrada. Has hurgado en cada milímetro desparasitando mis entrañas. Te debo cada latido y por eso mismo odio a quien te roba el aliento. Quedan minutos, horas, días… puede que semanas. Apretaré la mandíbula, me acicalaré para el espectáculo, entretendré al público, seguiré las instrucciones para las que he sido entrenada tantos años… pero nunca te confíes porque saltaré sobre su yugular ante cualquier movimiento.

viernes, 14 de mayo de 2010

Más de cien palabras, más de cien... mentiras

Estoy bien. Ya no siento lo mismo. Soy consciente. Aprendo. Desciendo.
Pasan los días. Un mes. Silencio. Control. Asueto.
Realidad. Adiós al sentimiento. Ni tonteo ni devaneo. Físico. Objeto.
Te alejas. Me mantengo. No vuelves. Sueltas la cuerda. Sujeto.
Cuatro, tres, dos, uno... y medio.
Invención. Amor. Perdón. Amistad. Deseo.
Te espero. No llegas. Me voy. Me quedo. Me quemo.
Mirar. Dejarse tocar. Volver a caer. Despertar. ¿Y el beso?
Uno, dos, tres, cuatro... Celos.
Uno de diez. Suspenso. Ansiedad. Cabreo. Desconsuelo.
Dejarse llevar. Volver a empezar. Saber perder. Volver a caer. Juego.
Reconstruir. Recomponer. Pasado. Presente. Incierto.
Incoherencia. Contradicción. Duda. Disparate. Desenfreno.
Ajedrez. Mil reinas negras. Jaque mate al rey. Romper... el tablero.
Espero. Espero. Espero. Espero... Desespero.
Te olvido. Te sueño. Te pienso. Te deseo. Te encuentro. ¿Te quiero?

martes, 13 de abril de 2010

Hay un día...

Hay un día en el que abres los ojos, ese día no pasa como en “Princesas” y resulta ser la ostia, sino que te la metes contra la realidad, así, de golpe y porrazo y sin previo aviso. Ese día, te das cuenta que no quieres ver a la gente que creías necesitabas ver, comes un bocadillo de tortilla francesa en un lugar en el que todavía no sabes muy bien que coño estás haciendo y todo lo que te pasa no significa nada salvo que por fin eres consciente de la mierda en la que te has metido tú solita.

Si llevaban razón los guionistas en que “Es como un desvío, como cuando vas por la carretera y hay un desvío hacia otro sitio. Ese día es lo mismo, y es muy importante, porque puedes elegir por donde va a seguir todo. Por eso tenemos que estar muy atentos”, salvo porque creo que el desvío se me pasó hace algún tiempo y sólo lo siguieron mi amor propio y mi autoestima.

Hay un día en el que abres los ojos y te ves persiguiendo una mentira. No un sueño ni una ilusión, sino una falacia que te habías creado en la cabeza. Ese día, no puedes arremeter contra nadie ni encabronarte con el mundo, porque sabes que la única responsable eres tú y es ahí cuando más te jode... basta con pararse y preguntarse ¿quién te persigue a ti?

Ese día lo único que tienes pegado a tu culo son las verdades que no has querido escuchar durante los últimos meses... y las dejas entrar y alojarse en tus intestinos y en tu cerebro, retenerlas allí el máximo tiempo posible, porque sabes, que a la mínima que te descuides, la quimera que te acecha te hará de nuevo prisionera.

martes, 6 de abril de 2010

¿Hasta dónde llegarías por un sueño?

Hay una persona que ha sido parte importante de las letras de este blog y que siempre me abre ventanas a nuevas perspectivas, en esta ocasión en forma de vídeo.

Es un corto de Pixar que se titula Kiwi! Pero no la fruta que favorece el tránsito intestinal como los yogures de Coronado, sino el ave “Apterix”, que significa “sin alas”... Ya me diréis si no es una putada ser un pájaro y no poder volar y es que esta especie, autóctona de Nueva Zelanda, tiene unas minúsculas alas bajo su plumaje pero morfológicamente no pueden emprender el vuelo.

Nuestro protagonista, sin embargo, no quiere perderse esa sensación y está dispuesto a hacer lo que sea necesario, por lo que no duda en crear una realidad paralela que le permita alcanzar su sueño, aunque el desenlace pueda ser fatal...



Uno de los comentarios donde lo he encontrado es: “Jo, qué dramón, ¿pero hasta ese punto merece la pena? A veces no podemos conseguir todo lo que deseamos...” y quizá lleve razón... por eso la existencia se trata de elecciones, en este caso ¿vivir sin haber volado nunca o morir volando? Yo tengo muy clara mi respuesta... y tú?

martes, 2 de marzo de 2010

¿Uno más uno?

Una cerveza, mil cigarros, tu nombre en la bandeja de entrada.
Una sonrisa, un sueño, un olor, un recuerdo, un amanecer, un hueco en la cama.
Un sms, un quizá, un mañana, un contigo y un sin ti, una caricia, una llamada.
Una mano recorriendo mi espalda.
Un beso por dar, un silencio, una atracción, un quiero y no puedo.
Un teléfono que no suena, una puerta que se cierra, unas sábanas frías, un dedo entre mis piernas... otra forma de pensarte.
Una verdad, cien mentiras, un reencuentro por cada tres despedidas.
Veinte canciones, cuarenta letras, millones de palabras, perder la cuenta.

jueves, 25 de febrero de 2010

I don´t believe you

Para alguien como yo, para quien las palabras sirven para estructurar su vida y definir sentimientos, es difícil no creer las tuyas y sin embargo, no te creo.

Me aferro a lo que me dicen tus ojos, tus silencios y tus gestos, pero es como negarme a mí misma, así que repaso tu discurso y ahí también encuentro vacíos y contradicciones, simples frases que para ti no son nada y a mí me siguen sosteniendo en esta fantasía que sólo busca ser realidad.

Tú no tienes la culpa de que no te crea, del mismo modo que no creo en imposibles, ni de que me aferre a la sospecha de una duda cuando la única certeza que debería bastarme es mirar a mi lado y no verte.



Quien sabe si al mismo tiempo que te mentía me engañaba a mí misma cuando te escuchaba, pero vuelvo a repetirte, que no eres culpable de que yo haya descubierto que el amor no es realmente ciego, sino sordo... ni de que esta sordera crónica me siga manteniendo en pie, buscando un futuro en el que la voz que pronuncia las palabras que hoy no creo me despierte cada mañana.

sábado, 9 de enero de 2010

El amor y las piscinas

Mi primo me dijo una vez que el mejor momento para conocer el amor de tu vida era entre los 22 y los 25. Si aparecía antes no sabías valorarlo como merecía porque siempre pensamos que el mañana nos traerá algo mejor y si llegaba más tarde, pagabas los miedos, fracasos y frustraciones que habías tenido en el pasado, quizá por eso, llegada una edad, resulta difícil encontrar a ese “alguien especial”.

Yo lo comparo con una piscina (ya sabéis que no ando muy bien de la cabeza). La primera vez que te enamoras te subes a lo más alto del trampolín y desde tan arriba no ves si hay agua o no, pero no importa, te lanzas con una doble pirueta y tirabuzón y te partes las piernas. La segunda, coges carrerilla pero te escurres en el borde. La tercera, saltas de cabeza y te la abres...

Después de varios intentos, apareces con manguitos y flotador, pruebas el agua con el pie antes de entrar y decides bajar por las escalerillas, pero... un peldaño está suelto y te la vuelves a pegar... así hasta que llega un momento en el que a tu set de baño incorporas todo lo inimaginable: casco, rodilleras, coderas, protección para la espalda... Y sin reconocerte ni a ti misma te sumerges.

Cuando compruebas que no pasa nada, cuando vuelves a confiar, te das cuenta que debes ir quitándote cosas para disfrutar, pero lo haces poco a poco, no sea que algo falle... y como te has puesto tanta mierda encima, antes de que termines y vuelvas a ser tú misma se acaba el verano y vuelven a vaciar la piscina.

No sé cual es la mejor solución, pero yo, y a riesgo de no llegar al próximo periodo estival, prefiero seguir tirándome desde el trampolín.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Ni una simple melodía

Cuando me bloqueo y no puedo escribir siempre encuentro las palabras en las letras de otros, raras veces en poemas, algunas de ellas en fragmentos de algún libro y la mayoría en canciones, y eso es lo que llevo haciendo los últimos días: buscarte, buscarme... buscarnos.

Tienes el poder de paralizarme por completo, no soy capaz de encontrar ni una frase ni una simple melodía que me llene, que me parezca suficiente. Las descarto por horteras, por faltas de ritmo, por inexpresivas, por exceso o por carencia. Recojo retales de aquí y allí, de “hartículos” de Risto, de temas de Ricardo Arjona o de Sabina (que siempre han estado más cerca de mí que yo misma), de películas como “Princesas” o “El diario de Noa”, de novelas varias... Intento darles forma, entrelazarlas, buscar un punto común... pero nada.

He llegado a la conclusión que por primera vez nada de lo que pueda sentir esta escrito de antemano, quizá simplemente no se puede por aquello de la mierda de la limitación del lenguaje o puede, que al fin y al cabo, estas cosas sólo estén pensadas o creadas para sentirse.

En determinadas ocasiones de mi vida he tenido un nudo a mitad de camino entre el pecho y el estómago que me cortaba la respiración, ahora es como algo intangible que levita, que sube o baja dependiendo del momento del día, que no duele ni aprieta, que controla mis emociones sin permiso.

Luego esta esa otra parte física, no menos importante, la que se apodera de “Mimosín” y le coloca una fusta en la mano (bueno, quizá no tan exagerado). La que hace que no pueda tenerte a menos de 10 centímetros de mi boca, la que más bien desearía que estuvieses a esa distancia, esa sensación de estar con el freno de mano echado y pisando hasta el fondo el acelerador.

martes, 29 de septiembre de 2009

Lo que se dice y lo que no

Hay sentimientos que parece que no adquieren importancia, incluso me atrevería a decir que dramatismo, hasta que no se dicen en alto. Alguien aparece en tu vida, de la nada, como las cosas que realmente merecen la pena. Sin búsquedas, dependencias o desesperaciones. No supone un acontecimiento especial ni el corazón te da un vuelco, aunque luego no dejarás de evocar ese primer día en el que todo cambió sin darte cuenta.

Es curioso como después de haberte cruzado con una persona ¿cuántas? ¿Diez, veinte… cien veces? y haberla ignorado involuntariamente, te sorprendes mirándola y quizá buceando en tu memoria de pez intentando enfocarla en algún rincón de tu pasado… pero nada, allí no está, aunque sabes que sí, que os habéis visto sin veros en un número indefinido de ocasiones.

Y de escrutarla y estudiarla pasas a escucharla. Descubres que no sólo tiene cosas interesantes que decir sino que sin saber cómo te sorprendes a ti misma embelesada, siguiendo sus palabras como una melodía rítmica, hipnótica. Entonces te lo niegas una y otra vez, pero ante su presencia te empiezas a sentir pequeña. Te conviertes en Pepita Pulgarcita tirando del bajo de su pantalón y diciendo: “Eh! Estoy aquí! ¿Por qué no me ves como yo a ti? ¿Por qué no me oyes?”

Quizá lo haga. Quizá mañana… pero… bah, es una tontería. Mejor me olvido de todo. Esto no existe. Vuelvo a ser Juan Palomo (yo me lo guiso yo me lo como). Me gusta lo complicado, lo imposible, aquello que como no se puede cumplir no te puede desilusionar, dañar, destrozar… ¿entonces? ¿me gusta? Y llega ese fatídico día en el que te ves llamando a una amiga por teléfono y diciendo, escuchando por fin de tu boca lo que no querías oír cuando tu pulso se aceleraba y se mezclaba con el hormigueo de tus manos, tu risa estúpida, tu cabeza funcionando a toda máquina y de nuevo los latidos apoderándose de todo: “He conocido a alguien…”

Entonces, sólo entonces, tomas conciencia y vuelves a traer a tu recuerdo ese primer momento en el que dejó de serte indiferente y sonríes. Un segundo después ya estás precipitándote hacia el vacío. Puede que por eso, los deseos, no deban compartirse con nadie salvo con uno mismo.

viernes, 7 de agosto de 2009

Deja de ser quien eras...

Hay que saber cuándo una etapa llega a su fin. Cuando insistimos en alargarla más de lo necesario, perdemos la alegría y el sentido de las otras etapas que tenemos que vivir.

Poner fin a un ciclo, cerrar puertas, concluir capítulos... no importa el nombre que le demos, lo importante es dejar en el pasado los momentos de la vida que ya terminaron. ¿Me han despedido del trabajo? ¿Ha terminado una relación? ¿Me he ido de casa de mis padres? ¿Me he ido a vivir a otro país? Esa amistad que tanto tiempo cultivé, ¿ha desaparecido sin más? Puedes pasar mucho tiempo preguntándote por qué ha sucedido algo así. Puedes decirte a ti mismo que no darás un paso más hasta entender por qué motivo esas cosas que eran tan importantes en tu vida se convirtieron de repente en polvo.

Pero una actitud así supondrá un desgaste inmenso para todos: tu país, tu cónyuge, tus amigos, tus hijos, tu hermano; todos ellos estarán cerrando ciclos, pasando página, mirando hacia delante, y todos sufrirán al verte paralizado.

RECUERDOS.
Nadie puede estar al mismo tiempo en el presente y en el pasado, ni siquiera al intentar entender lo sucedido. El pasado no volverá: no podemos ser eternamente niños, adolescentes tardíos, hijos con sentimientos de culpa o de rencor hacia sus padres, amantes que reviven día y noche su relación con una persona que se fue para no volver. No podemos ser empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Todo pasa, y lo mejor que podemos hacer es no volver a ello. Por eso es tan importante (¡por muy doloroso que sea!) destruir recuerdos, cambiar de casa, donar cosas a los orfanatos, vender o dar nuestros libros.

Todo en este mundo visible es una manifestación del mundo invisible, de lo que sucede en nuestro corazón. Deshacerse de ciertos recuerdos significa también dejar libre un espacio para que otras cosas ocupen su lugar. Dejar para siempre. Soltar. Desprenderse. Nadie en esta vida juega con cartas marcadas. Por ello, unas veces ganamos y otras, perdemos. No esperes que te devuelvan lo que has dado, no esperes que reconozcan tu esfuerzo, que descubran tu genio, que entiendan tu amor.

Deja de encender tu televisión emocional y ver siempre el mismo programa, en el que se muestra cómo has sufrido con determinada pérdida: eso no hace sino envenenarte. Nada hay más peligroso que las rupturas amorosas que no aceptamos, las promesas de empleo que no tienen fecha de inicio, las decisiones siempre pospuestas en espera del "momento ideal".

La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando puertas abiertas "por si acaso", nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.

Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.

DEJARLO IR.
Antes de comenzar un nuevo capítulo hay que terminar el anterior: repítete a ti mismo que lo pasado no volverá jamás. Recuerda que hubo una época en que podías vivir sin aquello, sin aquella persona, que no hay nada insustituible, que un hábito no es una necesidad.

Puede parecer obvio, puede que sea difícil, pero es muy importante.Cerrar ciclos. No por orgullo, ni por incapacidad, ni por soberbia, sino porque, sencillamente, aquello ya no encaja en tu vida. Cierra la puerta, cambia el disco, limpia la casa, sacude el polvo.

Deja de ser quien eras, y transfórmate en el que eres...
Paulo Coelho

miércoles, 5 de agosto de 2009

Eran las 7:15 de la mañana

La noche, desde que habíamos salido de casa de una compañera de trabajo que nos invitó a cenar, se fue difuminando poco a poco desde el primer bar de cuarentones que pisamos hasta la discoteca lésbica de quinceañeras donde terminamos, con un facha del que no logré separarme y la sensación de estar desubicada en cualquier parte.

Cuando me vi entre la pared y una navaja, con los restos de alcohol por mi cuerpo, no sentí absolutamente nada, ni pena, ni miedo, ni ganas... simplemente indiferencia.

No sé en lo que me he convertido, lo que me depara el futuro, sólo sé que se mantiene esa idea romántica del amor eterno, del principio y fin de mi existencia, algo que en este momento se pasea con la pereza y la tristeza.
La pereza por tener que darme a conocer una y otra vez para que termine por no importarle a nadie, para pasar por la vida de los demás como una estrella fugaz de la que a veces no queda ni el recuerdo, la idea de que todo es tan breve que no me da tiempo a que me encuentren...
La tristeza por ver pasar los días, envuelta en la rutina, con un teléfono que no suena, por una ilusión que se desvanece, por saber que empiezo a hacerme a la idea de estar sola.

No disfruto de fiesta como antes, me gusta quedarme en casa viendo una peli, hablando, salir a cenar, pasar el día en el Retiro, descubrir sitios nuevos pensando en poder compartirlos con alguien... sin embargo, ahora puedo decirte que el tiempo existe, que pasa, que se me escurre entre los dedos mientras trabajo y que la idea de la estabilidad de persigue y a la vez me gusta... pero, ¿para qué?

Me imagino dentro de unos años, llegando del curro cerca de las 21:00 de la noche, cogiendo una cerveza de la nevera, dejando los trastos, pensando que hacer de cena mientras enciendo la calefacción y después ver la tele un rato para acostarme y ver llegar otra nueva madrugada. Los fines de semana encerrada, quedando con alguna amiga o amigo para dar una vuelta y más de lo mismo... encontrarme la casa vacía, las sábanas frías, las noches de invierno en pleno mes de agosto...

Y sé que me paso la existencia animando al resto, buscando la sonrisa en los demás, que es fácil dar consejos y aliento cuando lo ves desde fuera, cuando sabes que todo tiene una solución, pero... ¿quién está ahí para devolverme la ilusión a mí?

viernes, 2 de enero de 2009

Cuando el amor llega…

… la creatividad se interrumpe… quizá porque mis inspiración viene precedida de nubarrones negros, puede que sea porque el poco tiempo libre lo dedicas a esa persona o porque la felicidad es mejor demostrarla que explicarla con palabras.

viernes, 26 de septiembre de 2008

8 de Diciembre del 2002

Acabas de colgar el teléfono (ha llegado tu padre y las cosas no están muy bien), en el aire dos preguntas: ¿Por qué terminó la relación? Y ¿qué dijeron mis ojos aquel día en Córdoba que tú no supiste leer?

Enfrentarme a esto supone enfrentarme también a mis sentimientos, que como habrás comprobado hasta hace sólo diez días no estaban nada claros. Pensaba que no podía olvidarte, cuando en realidad lo q pasaba era que no quería hacerlo, y ahora, por fin, deseo “romper” con mi pasado, verte como una amiga y no plantearme ni esperar un futuro juntas.

Creo que nuestras vidas son “paralelas”, en el sentido que somos dos calles muy próximas una a la otra pero que nunca podrán cruzarse, y lo que ambas buscamos es una perpendicular.

Cuando me pongo frente al ordenador y me planteo mandarte esta carta lo primero que se me pasa por la cabeza es que estoy traicionando a Carla, que ninguna de las frases anteriores deberían haber sido plasmadas, porque así únicamente circularían dentro de mí y no cabría la posibilidad de que llegases a ellas. Es como si al leer todo esto temiese abrir la herida, y entrometerme de repente en una vida que no m corresponde, por otro lado me siento tan estúpida y tan ególatra al creer que puedo llegar a hacerlo!!.

En muchas ocasiones, como tú, me he preguntado el por qué de lo que m ha sucedido, y sé que algunas de esas respuestas las tienen la gente que me rodea, y tanto para bien como para mal, pasado un determinado tiempo, ninguna me afectaría excesivamente; contigo era diferente porque no te dejé en el ayer, y aunque todavía necesito horas, días, semanas, quizá meses e incluso años estoy convencida que superaré esa etapa. Al fin y al cabo fuiste mi primer amor y ese nunca se olvida.

10 de Enero del 2003
“Tratar de olvidar es querer recordar para siempre”

domingo, 18 de mayo de 2008

En busca de respuestas

En esta entrada publico un comentario que ha dejado Karen, “dueña” de “porlabokamuerelpez”, un blog que recomiendo visitéis porque su forma de reflexionar sobre el arte y la vida merecen parada obligada, en Salir del armario VII.

Como creo que en ocasiones algunas de las aportaciones que dejáis se pierden en el camino y su planteamiento me parece muy interesante he decidido publicarlo, espero que no se ofenda, para que así seamos más quienes dejemos nuestro granito de arena y busquemos no una verdad absoluta, pero sí repuestas.

“Tengo un desorden temporal en la cabeza. He estado revisando tus textos desde la última vez que te escribí y tengo la idea de haber leído algunos de ellos antes de haber escrito. En fin, quizás solo es una confusión mental mía.

La salida del closet ¿se refiere a un reconocimiento social o personal de la condición sexual elegida? ¿A la primera exteriorización concreta de la condición sexual? ¿Se puede clasificar como una elección o crees que siempre sea una cuestión a priori?

Lo pregunto por que al parecer para la mayoría resulta ser una especie de crisis negativa. Un amigo una vez me confeso con una cara de angustia terrible que se había cuestionado su sexualidad. Se que puede ser una angustia pues estamos en una cultura que te obliga a vivir dentro de sus patrones y si los desafías debes pagarlo caro. Pero
¿Que pasa si no hay crisis? si ni siquiera debes asumirlo por que nunca asumiste lo contrario. ¿Crees que si no hay proceso o crisis, sea una especie de falacia?

Alguna vez un amigo me contó una teoría que hablaba sobre que la mayoría de las personas eran bisexuales, y solo una minoría optaba o por la homosexualidad o por la heterosexualidad, lo cual me pareció tan lucido que no cuestione la procedencia. Hace poco si no mal no recuerdo vi un porcentaje al respecto en tu blog y recordé la teoría de mi amigo (¿sabes de donde proviene esto?). Bueno al respecto de esto mismo, una vez leí una frase de mi escritora favorita Simone de Beauvoir, donde ella consideraba (no es textual, lo recuerdo así) que la homosexualidad era tan limitante como la heterosexualidad. ¿Qué opinas?, lo pregunto por que también puede parecer lucido, pero respecto de cómo se vive es distinto y puede generar otro tipo de consideraciones.

Hago todas estas preguntas respecto de tus opiniones, por que en muchas ocasiones he notado que la homosexualidad decidida (es decir, no considerada como natural o a priori) es bastante cuestionada por los homosexuales, así también como la bisexualidad generalmente vista como falta de decisión y también como opción poco confiable. Para un homófobo no hay nada más aberrante, peor aun que un homosexual, un bisexual.

Se habla tan poco y hay tan pocas personas dispuestas a conversarlo, incluso cuando haces este tipo de preguntas a homosexuales abanderados se molestan un poco, lo toman casi como una trasgresión a una condición sagrada. Lo cual creo ayuda muy poco a la desmitificación del tema.

Se que es bastante extenso, pero escribirlo por partes no ayudaría a la comprensión de el contexto de las preguntas. Lo escribo aprovechando este espacio (jijiji aprovechando tu espacio). Pues pueden opinar más personas.”

lunes, 31 de marzo de 2008

El amor es una broma macabra

“Cuenta la historia que los dioses griegos se aburrían y por ello crearon a los hombres, pero como seguían aburriéndose se inventaron el amor y les pareció tan bueno que quisieron enamorarse ellos. Finalmente tuvieron que inventar la risa para poder soportarlo” (Comienzo de la película “El juego del amor”).

En uno de vuestros comentarios leí que el principal problema es que no nos conformamos y siempre esperamos más, por desgracia, conozco a quien se conforma con muy poco y también a inconformistas que no luchan por lo que sueñan… esa excusa ya no me sirve.

Nunca sabes en que momento de tu vida aparecerá tu gran amor, las afortunadas lo encontrarán pasado la veintena, después de múltiples experiencias más o menos satisfactorias, cuando posean una perspectiva amplia de lo que la vida les puede deparar, mientras que las desafortunadas arriesgarán su primera relación por la estúpida idea de creer que ahí no se acaba todo, que quedan millones de sorpresas por descubrir, nuevas mujeres, otro tipo de sexo, labios de una noche, caricias que duran meses o emociones inexplicables.

Cuando pasan los años y has experimentado, disfrutado de relaciones y personas inesperadas, te encuentras a ti misma pensando que quizá tenía que ser así, pero que no pueden compararse a ese escalofrío que sentías cuando ella te besaba y descubres que todo este tiempo ha sido necesario para querer volver a sus brazos, para saber que nadie puede ofrecerte lo que te daba sin reparos y sin embargo, ya es demasiado tarde.

martes, 11 de marzo de 2008

La crisis del cuarto de siglo

Sábado noche, el concierto de Adele suspendido por causas ajenas a la sala y Esti y yo con edades para ser comedidas en la ingesta de alcohol con dos minis de Cacique-Cola entre pecho y espalda esperando a una compañera de facultad y su amigo para ir al Medea, un sitio donde nunca se sabe si querrán pegarte por mirar donde no debes o si por el contrario serás tú la que no tendrás ganas de levantar la vista del suelo por no ver lo que te rodea.

Pero con un recibimiento como “la de blanco” (esta es la pena de conocer a la gente en horas intempestivas, que las defines por aspectos siempre tan profundos) apoyada en la barra la experiencia prometía, de no ser porque la camarera había pensado lo mismo que tú y como es lógico estaba primero.

Reconocimientos varios del terreno, gente a la que no veías hace meses e incluso años y finalmente situadas cerca del grupo femenino más interesante. ¿Y ahora qué? ¿en quién me centro? (sí, ya sé que lo suyo es ir a pasarlo bien y no a ligar, pero en ocasiones es inevitable) Copa en mano, la de aquí, la de más allá, la de rojo, la de cuadros… la de rojo…

Momentos después, cuando ya has entablado una conversación, descubres que tienes el radar estropeado y que a los 25 años sabes que necesitas a alguien que te supere en edad porque en el fondo, aunque comprendas que no es el mejor sitio, esperas encontrar a una persona con la que despertar cada mañana, más aun después de haber visto mientras cenabas el capítulo 9 de la Quinta Temporada de The L Word.

El problema es que una parte de ti sigue pensando que eres aquella chiquilla que llegó con 18 años a Madrid y te encuentras con una muchacha super agradable pero con la que sabes que no va a llegar a más, ya no por la edad, sino porque tampoco eres su tipo: los tiempos han cambiado y el rollo aspecto bollo está pasado de moda, tú te cortas porque ella está en la misma situación que tú hace casi una década y ella… ¿quién sabe lo que estaba pensando en ese momento?

La diferencia estriba en que es época de probar, pero con cuarto de siglo ya has experimentado casi todo, te has pasado toda tu salida del armario intentando reconvertir al personal con más o menos éxito y has terminado comprendiendo que en realidad, si buscas estabilidad, quién mejor te la daría es alguien que entendiese desde el principio… el problema es que sobre sentimientos no se manda…

La conversación de adolescente con “¿has probado?” como bandera y un “no” como respuesta ha pasado a un “sí” y yo me pregunto, ¿en qué momento ha cambiado todo?, ¿dónde me he quedado? ¿es el tiempo de que empiece a conocer a gente en el supermercado o en el entorno laboral?

Unas horas después el surrealismo en estado puro: una mujer que se había empolvado la nariz más de la cuenta, había sido un mal día, cañas a las 11 de la mañana, mejillones, la jornada de reflexión agotada, la policía pidiéndote los datos y “la de rojo” todavía a tu lado, aunque por entonces ya había empezado a tener nombre, que es lo malo, si pasan de ser una prenda de vestir a llamarse Mireia estás jodida, porque sabes que al día siguiente tendrás ganas de volver a saber de ella.

Puede parecer una tontería, quizá lo sea, o posiblemente se deba a la temporada que estoy atravesando estos últimos meses, pero sentir su mano cogida a la mía me devolvió muchas cosas, un ligero contacto físico que para la otra persona no es nada y a ti te devuelve la vida, la esperanza, saber que vuelves a sentir y aferrarte a eso, alargar la mañana, antes de que se te escape y despiertes de nuevo sobre tu cama abrazada a la almohada y el vacío a tu lado.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Dónde están...

Últimamente me despierto cada mañana con ansiedad, intento pensar en el día que tengo por delante y descubrir si alguna de mis responsabilidades me atormenta demasiado, si debería cambiar algo en mi vida, pero ya casi no salgo, aunque cuando lo hago me emborracho como la que más, llevo mi trabajo al día, tengo con quien hablar y el único punto de inflexión es la carrera, que no sé si seré capaz de terminarla algún día…

Echo la vista atrás y pienso en aquella época de promiscua sin control, en la que no existía una negativa en mi vocabulario, en las noches exclusivas “para ligar”, en todas esas relaciones que duraron dos meses y que empecé por miedo a quedarme sola o quizá porque creía que lo más importante era estar con alguien que te quisiera, sin detenerme en lo que quería yo.

Mis amigas empiezan a prometerse, casarse, tener hijos… y mientras tanto me he encerrado en mí misma, en un gris sentimental que todo lo inunda y lo puede, en una sensación de vacío en la que lo que era capaz de dar con 18 años se ha perdido por el camino, en la que el mejor momento de la semana es ver a una chica guapa que te mira desde el otro lado del vagón de metro…

¿Dónde están las caricias? ¿los te quiero? ¿las noches en vela haciendo el amor? ¿los silencios que dicen tanto? ¿dónde están las miradas? ¿las confesiones de madrugada? ¿los mensajes que no deberías mandar pero que salen de ti como un impulso irrefrenable? ¿Dónde están los amores prohibidos? ¿las dudas? ¿los miedos? ¿las promesas? ¿el saber que todo lo puedes si ella existe?... Qué fácil era encontrarme siempre en tus ojos.

martes, 4 de marzo de 2008

Salir del armario VI

Si quieres conocer todo el proceso pincha aquí.

Cuando una da el primer paso para salir del armario, al menos en mi caso, no reconoce directamente que es lesbiana, estas afirmaciones tan rotundas conllevan un proceso en el que lo mejor es tantear con la bisexualidad, ya no tanto por lo que opinen los demás, sino por si eres tú la primera en tener que recular en un momento determinado.

Nunca me importó especialmente lo que opinase el mundo al respecto, creía que la gente que me quería seguiría haciéndolo independientemente de mi condición y no me equivoqué, salvo excepciones masculinas que vieron peligrar a sus novias o no sé que otras historias se montaron en la cabeza.

Al principio todo fue muy sencillo, lo sabían un par de amigas y el mundo seguía igual que cuando era hetero, miraba a mi alrededor y nada había cambiado, salvo la cara de estúpida que se me quedaba cada vez que veía a Alicia (la mango) saludarme desde el otro extremo del bar.

Sin embargo, si hay algo que no he podido controlar a lo largo de mi existencia han sido los impulsos, y menos con dos Martini de más (por aquel entonces es lo que tocaba cuando no era Ponche con Coca-Cola o con chocolate, además de millones de chupitos con sabor a colonia). Así que un sábado haciendo botellón en el “Caminillo”, una explanada en mi pueblo llena de mierda y tierra al lado de la vía del tren (más tarde el Ave… con categoría) se me ocurrió declararme pese a las recomendaciones de Ali, que procuraría evitar los mismos errores que empecé a cometer en cadena.

viernes, 29 de febrero de 2008

Porno lésbico

No sé de qué lugar salió la teoría de que a las mujeres no nos gusta el porno, disfrutamos del sexo explícito en imágenes tanto o igual que los hombres, pero con una diferencia: no nos conformamos con cualquier cosa, sino que tiene que ser de calidad y con historia, algo que suele estar carente en este tipo de películas.

La industria está pensada por y para ellos, de ahí que no seamos consumidoras habituales y si hablamos del lésbico estamos en lo mismo, así que cuando tengo que ver a dos tías con unas uñas enormes, siliconadas y artificiales… como que no me pongo cachonda. Del mismo modo que tampoco compramos muñecas hinchables…. bueno, al menos yo… no sé vosotras. Lo único que me pregunto es: ¿alguno de los directores sabe realmente como follan dos chicas o sólo se basa en sus depravadas fantasías?

Necesitamos un contexto sugerente, un diálogo elaborado y actrices que estén de buen ver pero más cercanas a la realidad, ¿o acaso no nos ponemos malísimas con las escenas subidas de tono de The L Word? Y que conste que no tiene nada que ver con el erotismo, aunque es una muy buena forma de empezar, algo que el manga (yuri-hentai) ha sabido combinar a la perfección.



¿Por qué no crear “La señora de los dedillos”? Este es un proyecto que tengo en mente sobre la Comunidad del dedillo: la portadora sólo con introducirlo reconvierte a cualquier fémina y las restantes deben hacer que lleguen al orgasmo. Un mundo lleno de gays, transexuales, travestis, bisexuales y los heteros que quieren cortarle el dedo a Froda para dominar la tierra… ¿qué os parece? ¿tendría futuro? Jajaja!!

Diario de una lesbiana VI

Si quieres leer la historia completa pincha aquí.

Empezamos a salir sin habernos visto nunca en directo, sin saber cómo sería sentirla entre mis brazos, el contacto de sus labios con los míos, su olor ni su cara al dormir… pero no importaba porque puede que la distancia esté para magnificar todo eso, para hacer más grande un simple palabra y quizá, también, para idealizar y convertir a la otra persona en lo que quieres que sea, por suerte, en mi imaginación me quedé corta.

Sé que a las tres semanas tuvo una crisis que le hizo pensar en volver con su novio, desconozco las razones por las que no pasó de ahí, pero me alegro de que fuese así. Sus padres no llevaban muy bien su bisexualidad, hubo días de silencio como castigo y alguna carta de las que mandé desapareció en un cajón. Mientras yo sólo me limitaba a estar en una nube ella además debía luchar contra los prejuicios de su propia familia.

Era una época de cambios, en octubre empezaríamos la facultad, Rebeca Filología francesa en Málaga y yo Periodismo en Madrid, hubo algún planteamiento de unir nuestros destinos, el problema es que ambas ya teníamos decidido el camino antes de conocernos y pese a nuestra juventud optamos por no tomar decisiones precipitadas, teníamos todo el tiempo del mundo para estar juntas, lo más importante era habernos encontrado.

El 8 de julio del 2000, casi un año después de recoger su “botella lanzada al mar” nos encontramos por primera vez, iba a estar sola en casa y tendríamos cuatro días por delante para nosotras solas.

No sé en que momento se me ocurrió tintarme el pelo rubio pollo, no era consciente pero pasado el tiempo las fotos de aquella época son para mirarlas de refilón si no quieres asustarte, una camisa de Homer en el que sus ojos eran mis tetas y unos pantalones negros anchos fue con lo que bajé del autobús, además de la descomposición nerviosa que me acompañaría siempre que íbamos a vernos y el miedo a mis 18 años de no haberme acostado nunca con nadie, ¿sabría hacerlo? ¿lo haremos? ¿me gustará? ¿será como en las fotos?