Mostrando entradas con la etiqueta Diario. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diario. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de octubre de 2011

Fiera Domada

Su nombre me taladra el inconsciente llenando de demonios mi consciencia. Respiro sobre su nuca igual que antes tú lo hacías sobre su sexo. Ella no me ve, pero estoy ahí, aguantándome las ganas de arrancarle la piel a jirones, de morderle lo que le quede de alma y escupirla… quizá me envenene si la rozo… o quizá mi mierda sea más tóxica. Ni ella tan puta ni yo tan santa.

Tú, domadora de fieras, escondes los colmillos bajo las lágrimas. No me encierres en la jaula con ella, no me saques a la pista, no dejes que la huela, que sienta su presencia, que escuche sus pisadas. No quiero saber cómo la alimentaste con tu boca ni cómo lamiste sus heridas mientras ella te chupaba la sangre.

Llagas abiertas, marcas por cada resquicio de tu piel y tu memoria, intentando cicatrizar sin éxito. Te retuerces en el estiércol con el que abonaste las vistas de un dormitorio que ni siquiera era tuyo, mientras a mí me cortas la cabellera y las garras para poder protegerte en mi regazo.

Eres tú quien me ha hecho creer que existe la libertad aunque esté encerrada. Has hurgado en cada milímetro desparasitando mis entrañas. Te debo cada latido y por eso mismo odio a quien te roba el aliento. Quedan minutos, horas, días… puede que semanas. Apretaré la mandíbula, me acicalaré para el espectáculo, entretendré al público, seguiré las instrucciones para las que he sido entrenada tantos años… pero nunca te confíes porque saltaré sobre su yugular ante cualquier movimiento.

martes, 25 de mayo de 2010

Quedarme quieta es el regalo que le hago a la cordura

Ya no me acuesto pensando en volverte a ver, ya no me paro a pensar en cómo sabe o se siente tu piel, pero todavía sigues siendo protagonista de esos minutos previos a lo que esta última semana se han convertido en luchas contra mí misma, en sueños de angustia posiblemente dominados por el excedente de hormonas. Ahora sólo existen finales, no principios.

Supongo que es la forma en la que mi alma empieza a despedirse. Creo que llegados a este punto ya no tengo la sensación de “y si...”, salvo la de “y si estuviese en Madrid”, pero sé que eso llegará, que será tarde y que las cosas, independientemente de la distancia, existen o no existen... lo demás ha sido producto de mi imaginación o al menos, sé que así es como quieres que lo crea.

Ya he pasado los mayores altibajos de tu montaña rusa, ahora sólo quedan sentimientos extraños, una mezcla de rencor, deseo, celos (si te contase lo que da de sí mi cabeza...), indiferencia, cariño, inseguridad, ambivalencia, fuerza, ilusión, tristeza... de hecho, no sé como todos pueden estar en el mismo saco y que aun así, el que mande la marcha emocional siga siendo el amor.



Un amor que ya no cae y se levanta, sino que se mantiene en píe pero no espera, ni desespera, que se sienta en la cuerda floja a ver la vida pasar, que a veces se balancea, que incluso se atreve a soñar con dejarse caer, que no busca pretextos ni garantías, que ya ni siquiera sabe cuando reír o llorar, pero que sigue muriendo por tu boca.

Te digo adiós y acaso...

viernes, 14 de mayo de 2010

Más de cien palabras, más de cien... mentiras

Estoy bien. Ya no siento lo mismo. Soy consciente. Aprendo. Desciendo.
Pasan los días. Un mes. Silencio. Control. Asueto.
Realidad. Adiós al sentimiento. Ni tonteo ni devaneo. Físico. Objeto.
Te alejas. Me mantengo. No vuelves. Sueltas la cuerda. Sujeto.
Cuatro, tres, dos, uno... y medio.
Invención. Amor. Perdón. Amistad. Deseo.
Te espero. No llegas. Me voy. Me quedo. Me quemo.
Mirar. Dejarse tocar. Volver a caer. Despertar. ¿Y el beso?
Uno, dos, tres, cuatro... Celos.
Uno de diez. Suspenso. Ansiedad. Cabreo. Desconsuelo.
Dejarse llevar. Volver a empezar. Saber perder. Volver a caer. Juego.
Reconstruir. Recomponer. Pasado. Presente. Incierto.
Incoherencia. Contradicción. Duda. Disparate. Desenfreno.
Ajedrez. Mil reinas negras. Jaque mate al rey. Romper... el tablero.
Espero. Espero. Espero. Espero... Desespero.
Te olvido. Te sueño. Te pienso. Te deseo. Te encuentro. ¿Te quiero?

martes, 13 de abril de 2010

Hay un día...

Hay un día en el que abres los ojos, ese día no pasa como en “Princesas” y resulta ser la ostia, sino que te la metes contra la realidad, así, de golpe y porrazo y sin previo aviso. Ese día, te das cuenta que no quieres ver a la gente que creías necesitabas ver, comes un bocadillo de tortilla francesa en un lugar en el que todavía no sabes muy bien que coño estás haciendo y todo lo que te pasa no significa nada salvo que por fin eres consciente de la mierda en la que te has metido tú solita.

Si llevaban razón los guionistas en que “Es como un desvío, como cuando vas por la carretera y hay un desvío hacia otro sitio. Ese día es lo mismo, y es muy importante, porque puedes elegir por donde va a seguir todo. Por eso tenemos que estar muy atentos”, salvo porque creo que el desvío se me pasó hace algún tiempo y sólo lo siguieron mi amor propio y mi autoestima.

Hay un día en el que abres los ojos y te ves persiguiendo una mentira. No un sueño ni una ilusión, sino una falacia que te habías creado en la cabeza. Ese día, no puedes arremeter contra nadie ni encabronarte con el mundo, porque sabes que la única responsable eres tú y es ahí cuando más te jode... basta con pararse y preguntarse ¿quién te persigue a ti?

Ese día lo único que tienes pegado a tu culo son las verdades que no has querido escuchar durante los últimos meses... y las dejas entrar y alojarse en tus intestinos y en tu cerebro, retenerlas allí el máximo tiempo posible, porque sabes, que a la mínima que te descuides, la quimera que te acecha te hará de nuevo prisionera.

jueves, 8 de abril de 2010

Inspiración

Es lo único que tenía que nunca ha sido mío, iba y volvía a su antojo, aparecía en labios de una noche, en el fondo de un vaso de ron con coca cola, en una mirada, en el rellano de una escalera, en un vagón de metro, pero sobre todo, en mis insomnios.

A veces venía y se alojaba en mi garganta, me hacía gritar hasta quedarme afónica; otras, se adueñaba de mi entrepierna y se iba de juerga, regresaba de madrugada borracha, cachonda, perdida y con ansias de lamer los cuerpos que le habían rozado sin querer, sin saber que justo al lado tenían una bestia capaz de devorarles la carne hasta los huesos, sin más hambre que el puro deseo desmedido de quien no encuentra agua que le quite la sed.

En ocasiones, se vestía de rosa, se ponía un lazo en la cabeza y dibujaba corazones en el aire... andaba como a saltitos por mi casa, pero ella prefería decir que “levitaba”, que así sonaba más poético. Llenaba todo de flores, sonaban canciones horteras a cualquier hora y se mantenía en un estado de duermevela, que lógicamente, ella prefería llamar “ensoñación”. Lo peor es cuando despertaba y se arrancaba la ropa a tiras, me arañaba por dentro, reabría mis heridas, destrozaba a patadas la coraza que tanto tiempo me costaba construir, me escupía, me insultaba y terminaba en un rincón, desnuda, llorando como una niña pequeña. Después de su última crisis, desapareció.

Han sido muchos años con ella y la verdad que pese a sus caprichos terminé cogiéndole cariño... de hecho, la sigo esperando cada amanecer y nunca llega. Hoy por fin se ha dignado a escribirme una postal, no lo había hecho antes: “Me encontrarás en el callejón sin salida de sus piernas buscando la forma de llegar a su alma y vestirme nuevamente de rosa”

lunes, 22 de marzo de 2010

No te diré...

No te diré que esta noche te he besado,
No te diré que al menos una vez por semana mis manos se aprenden tu cuerpo de memoria
No te diré que te echo de menos
No te diré que busco canciones sólo para encontrarnos en ellas
… y que muchas de ellas avergüenzan hasta a mi parte más hortera
No te diré que me dejo el móvil en casa para evitar tentaciones
No te diré que escribo cartas que nunca mando
No te diré que tu nombre aparece en siete de diez conversaciones
No te diré que “eres mi rincón favorito de Madrid”
No te diré que te pienso más de lo que debería...
… ni que te sueño, imagino o recuerdo.
No te diré que me duermo abrazada a la almohada repasando el “día D”
No te diré que sonrío siempre que sé de ti
No te diré que contengo nueve de cada diez impulsos
No te diré que he tenido la oportunidad de besar labios que no son los tuyos y no he podido
No te diré que me asusta asustarte
...y que es precisamente la razón por la que no te diré que me muero por decirte tantas cosas.

domingo, 14 de marzo de 2010

Hasta que el cigarro se consuma

En mi trabajo hay un rincón para fumar con sofás y vistas a la ciudad, normalmente siempre hay gente, pero incluso cuando no es así me voy a las escaleras de emergencia y apoyo la espalda contra la pared, entonces enciendo el cigarro, doy la primera calada y soy consciente de la música, a veces no pasa nada y otras, suena Amaral.



Sonrío y pienso en ti. Intento imaginar qué estarás haciendo tú al otro lado y si alguna vez se cruzarán nuestros pensamientos sin que seamos conscientes...

Si estuviésemos en una serie la cámara habría atrapado justo el momento en el que esbozo la sonrisa y se habría ido a Madrid para grabarte a ti... ¿haciendo qué? Puestos a imaginar en positivo, quizá frente al ordenador viendo alguna de mis múltiples huellas en Internet y quizá, también sonriendo. Como es lógico, la canción seguiría sonando mientras aparece un primer plano tuyo y de la pantalla... la gente que lo estuviera viendo no necesitaría más, porque ya sabría que significaba todo incluso sin que nosotras mismas lo sepamos.

Ese es el poder que tiene la “ficción” frente a la realidad, la omnipresencia de un “ojo” que todo lo ve, como Gran Hermano, pero los “personajes” sólo saben de sí mismos, de sus sentimientos, ilusiones y esperanzas... no saben lo que sucede más allá de lo que alcanza su vista y sólo les queda, como a mí, imaginar y sonreír, al menos, hasta que el cigarro se consuma.

martes, 2 de marzo de 2010

¿Uno más uno?

Una cerveza, mil cigarros, tu nombre en la bandeja de entrada.
Una sonrisa, un sueño, un olor, un recuerdo, un amanecer, un hueco en la cama.
Un sms, un quizá, un mañana, un contigo y un sin ti, una caricia, una llamada.
Una mano recorriendo mi espalda.
Un beso por dar, un silencio, una atracción, un quiero y no puedo.
Un teléfono que no suena, una puerta que se cierra, unas sábanas frías, un dedo entre mis piernas... otra forma de pensarte.
Una verdad, cien mentiras, un reencuentro por cada tres despedidas.
Veinte canciones, cuarenta letras, millones de palabras, perder la cuenta.

domingo, 28 de febrero de 2010

Hay días...

Hay días en los que me quiero más a mí que a ti, me digo que ya basta de arrastrarse y de intentar hacerte sentir especial, que no soy mejor ni peor, pero que merezco al menos que valores mis sentimientos, que los tengas en cuenta, independientemente de no corresponderme. Me repito hasta la saciedad que aunque mañana llamases a mi puerta siempre tendrías dudas y que en mi futuro sólo necesito certezas.

Hay otros días en los que me digo que más vale hacer y decir lo que siento para caer una y mil veces que verme dentro de un año y tener la sensación de no haber dado suficiente, porque no me lo perdonaría, porque prefiero que desaparezcas de mi vida por ser quien soy a que sigas en ella por fingir lo que no siento.

No sé si me gusta lo complicado o es simple coincidencia, lo que sí te puedo asegurar es que llevabas razón en que cuando lo consigo me canso, pero no por las razones que tu crees, sino porque alcanzar un sueño tres años después no siempre compensa, porque el tiempo y la distancia terminan por erosionar todo, hasta la idea que hoy tengo de ti, porque llega un momento en el que los días en los que me quiero más que a ti ganan a los días en los que tú eres la razón de todo... por ahora, ese momento no ha llegado y sólo espero que si llega, nunca llames a mi puerta... mientras tanto, seguiré esperando escuchar el sonido de tus pasos en el rellano.

jueves, 25 de febrero de 2010

I don´t believe you

Para alguien como yo, para quien las palabras sirven para estructurar su vida y definir sentimientos, es difícil no creer las tuyas y sin embargo, no te creo.

Me aferro a lo que me dicen tus ojos, tus silencios y tus gestos, pero es como negarme a mí misma, así que repaso tu discurso y ahí también encuentro vacíos y contradicciones, simples frases que para ti no son nada y a mí me siguen sosteniendo en esta fantasía que sólo busca ser realidad.

Tú no tienes la culpa de que no te crea, del mismo modo que no creo en imposibles, ni de que me aferre a la sospecha de una duda cuando la única certeza que debería bastarme es mirar a mi lado y no verte.



Quien sabe si al mismo tiempo que te mentía me engañaba a mí misma cuando te escuchaba, pero vuelvo a repetirte, que no eres culpable de que yo haya descubierto que el amor no es realmente ciego, sino sordo... ni de que esta sordera crónica me siga manteniendo en pie, buscando un futuro en el que la voz que pronuncia las palabras que hoy no creo me despierte cada mañana.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Entre tus piernas

Cansada de ser siempre la misma idiota
que flota entre nubes de algodón,
hoy me aferro a tu cintura y no me suelto,
hoy deslizo tu camisa entre mis dedos,
hoy arranco hasta el último botón.

Cansada de comerme la cabeza
con promesas que se pierden en papel,
hoy empleo la lengua en otra cosa,
hoy te como la vergüenza,
hoy derribo con mi boca... esa torre de Babel.

Cansada de arreglar mi alma rota
y curarla con tiritas que no pegan,
hoy me salvo en el vaivén de tus caderas,
hoy desnudo tus jadeos con mis manos,
hoy las horas sólo cuentan en orgasmos.

Cansada de buscarme entre las sombras,
de encontrarme siempre en los demás,
hoy me pierdo lamiéndote los labios,
hoy me escondo entre tus piernas,
hoy despierto de este sueño... que no encuentra su final.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Ni una simple melodía

Cuando me bloqueo y no puedo escribir siempre encuentro las palabras en las letras de otros, raras veces en poemas, algunas de ellas en fragmentos de algún libro y la mayoría en canciones, y eso es lo que llevo haciendo los últimos días: buscarte, buscarme... buscarnos.

Tienes el poder de paralizarme por completo, no soy capaz de encontrar ni una frase ni una simple melodía que me llene, que me parezca suficiente. Las descarto por horteras, por faltas de ritmo, por inexpresivas, por exceso o por carencia. Recojo retales de aquí y allí, de “hartículos” de Risto, de temas de Ricardo Arjona o de Sabina (que siempre han estado más cerca de mí que yo misma), de películas como “Princesas” o “El diario de Noa”, de novelas varias... Intento darles forma, entrelazarlas, buscar un punto común... pero nada.

He llegado a la conclusión que por primera vez nada de lo que pueda sentir esta escrito de antemano, quizá simplemente no se puede por aquello de la mierda de la limitación del lenguaje o puede, que al fin y al cabo, estas cosas sólo estén pensadas o creadas para sentirse.

En determinadas ocasiones de mi vida he tenido un nudo a mitad de camino entre el pecho y el estómago que me cortaba la respiración, ahora es como algo intangible que levita, que sube o baja dependiendo del momento del día, que no duele ni aprieta, que controla mis emociones sin permiso.

Luego esta esa otra parte física, no menos importante, la que se apodera de “Mimosín” y le coloca una fusta en la mano (bueno, quizá no tan exagerado). La que hace que no pueda tenerte a menos de 10 centímetros de mi boca, la que más bien desearía que estuvieses a esa distancia, esa sensación de estar con el freno de mano echado y pisando hasta el fondo el acelerador.

sábado, 21 de noviembre de 2009

El rumbo de tus pasos

Han pasado exactamente tres semanas desde que emprendí una nueva vida más tuya que mía. Los primeros días estabas tan dentro que todo eras tú, hasta creía reconocer tus gestos en los rostros de quienes se cruzaban conmigo. No entendía nada, simplemente me sentía como un balón apunto de estallar, como si me hubieran inflado demasiado del aire que respirabas y temiese que las costuras cedieran de un momento a otro.

Me sorprendía a mí misma diciendo tu nombre en alto, no sé si con la esperanza de que aparecieras o con la intención que al hacer consciente tu presencia pudiese por fin conciliar el sueño. Y es raro por tantas cosas que necesito tiempo para procesar, para reencontrarme, para no creer que mi recuperación depende sólo de ti, para darle una oportunidad a la distancia, a esa que dicen tiene el poder de enfriar y aplacar los ánimos.

Y no sé por qué, en medio de esta tormenta sentimental tan esperada después de años de sequía, sólo se me viene a la cabeza una canción que me recomendó mi madre, hortera como pocas... tan yo en mi adolescencia... Quizá tenga que ver esta reciente regresión en el tiempo... y es que hace diez años empezaron muchas cosas sin yo saberlo.



Sea como sea, sabiendo que no te conozco y que puede que todo sea producto de mi imaginación, no sabes lo bien que una se siente precisamente volviendo a sentir, aunque sea sin y con, sin ti y contigo, sin esperanza y con límites. Gracias.

martes, 29 de septiembre de 2009

Lo que se dice y lo que no

Hay sentimientos que parece que no adquieren importancia, incluso me atrevería a decir que dramatismo, hasta que no se dicen en alto. Alguien aparece en tu vida, de la nada, como las cosas que realmente merecen la pena. Sin búsquedas, dependencias o desesperaciones. No supone un acontecimiento especial ni el corazón te da un vuelco, aunque luego no dejarás de evocar ese primer día en el que todo cambió sin darte cuenta.

Es curioso como después de haberte cruzado con una persona ¿cuántas? ¿Diez, veinte… cien veces? y haberla ignorado involuntariamente, te sorprendes mirándola y quizá buceando en tu memoria de pez intentando enfocarla en algún rincón de tu pasado… pero nada, allí no está, aunque sabes que sí, que os habéis visto sin veros en un número indefinido de ocasiones.

Y de escrutarla y estudiarla pasas a escucharla. Descubres que no sólo tiene cosas interesantes que decir sino que sin saber cómo te sorprendes a ti misma embelesada, siguiendo sus palabras como una melodía rítmica, hipnótica. Entonces te lo niegas una y otra vez, pero ante su presencia te empiezas a sentir pequeña. Te conviertes en Pepita Pulgarcita tirando del bajo de su pantalón y diciendo: “Eh! Estoy aquí! ¿Por qué no me ves como yo a ti? ¿Por qué no me oyes?”

Quizá lo haga. Quizá mañana… pero… bah, es una tontería. Mejor me olvido de todo. Esto no existe. Vuelvo a ser Juan Palomo (yo me lo guiso yo me lo como). Me gusta lo complicado, lo imposible, aquello que como no se puede cumplir no te puede desilusionar, dañar, destrozar… ¿entonces? ¿me gusta? Y llega ese fatídico día en el que te ves llamando a una amiga por teléfono y diciendo, escuchando por fin de tu boca lo que no querías oír cuando tu pulso se aceleraba y se mezclaba con el hormigueo de tus manos, tu risa estúpida, tu cabeza funcionando a toda máquina y de nuevo los latidos apoderándose de todo: “He conocido a alguien…”

Entonces, sólo entonces, tomas conciencia y vuelves a traer a tu recuerdo ese primer momento en el que dejó de serte indiferente y sonríes. Un segundo después ya estás precipitándote hacia el vacío. Puede que por eso, los deseos, no deban compartirse con nadie salvo con uno mismo.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Eran las 7:15 de la mañana

La noche, desde que habíamos salido de casa de una compañera de trabajo que nos invitó a cenar, se fue difuminando poco a poco desde el primer bar de cuarentones que pisamos hasta la discoteca lésbica de quinceañeras donde terminamos, con un facha del que no logré separarme y la sensación de estar desubicada en cualquier parte.

Cuando me vi entre la pared y una navaja, con los restos de alcohol por mi cuerpo, no sentí absolutamente nada, ni pena, ni miedo, ni ganas... simplemente indiferencia.

No sé en lo que me he convertido, lo que me depara el futuro, sólo sé que se mantiene esa idea romántica del amor eterno, del principio y fin de mi existencia, algo que en este momento se pasea con la pereza y la tristeza.
La pereza por tener que darme a conocer una y otra vez para que termine por no importarle a nadie, para pasar por la vida de los demás como una estrella fugaz de la que a veces no queda ni el recuerdo, la idea de que todo es tan breve que no me da tiempo a que me encuentren...
La tristeza por ver pasar los días, envuelta en la rutina, con un teléfono que no suena, por una ilusión que se desvanece, por saber que empiezo a hacerme a la idea de estar sola.

No disfruto de fiesta como antes, me gusta quedarme en casa viendo una peli, hablando, salir a cenar, pasar el día en el Retiro, descubrir sitios nuevos pensando en poder compartirlos con alguien... sin embargo, ahora puedo decirte que el tiempo existe, que pasa, que se me escurre entre los dedos mientras trabajo y que la idea de la estabilidad de persigue y a la vez me gusta... pero, ¿para qué?

Me imagino dentro de unos años, llegando del curro cerca de las 21:00 de la noche, cogiendo una cerveza de la nevera, dejando los trastos, pensando que hacer de cena mientras enciendo la calefacción y después ver la tele un rato para acostarme y ver llegar otra nueva madrugada. Los fines de semana encerrada, quedando con alguna amiga o amigo para dar una vuelta y más de lo mismo... encontrarme la casa vacía, las sábanas frías, las noches de invierno en pleno mes de agosto...

Y sé que me paso la existencia animando al resto, buscando la sonrisa en los demás, que es fácil dar consejos y aliento cuando lo ves desde fuera, cuando sabes que todo tiene una solución, pero... ¿quién está ahí para devolverme la ilusión a mí?

viernes, 2 de enero de 2009

Cuando el amor llega…

… la creatividad se interrumpe… quizá porque mis inspiración viene precedida de nubarrones negros, puede que sea porque el poco tiempo libre lo dedicas a esa persona o porque la felicidad es mejor demostrarla que explicarla con palabras.

viernes, 26 de septiembre de 2008

8 de Diciembre del 2002

Acabas de colgar el teléfono (ha llegado tu padre y las cosas no están muy bien), en el aire dos preguntas: ¿Por qué terminó la relación? Y ¿qué dijeron mis ojos aquel día en Córdoba que tú no supiste leer?

Enfrentarme a esto supone enfrentarme también a mis sentimientos, que como habrás comprobado hasta hace sólo diez días no estaban nada claros. Pensaba que no podía olvidarte, cuando en realidad lo q pasaba era que no quería hacerlo, y ahora, por fin, deseo “romper” con mi pasado, verte como una amiga y no plantearme ni esperar un futuro juntas.

Creo que nuestras vidas son “paralelas”, en el sentido que somos dos calles muy próximas una a la otra pero que nunca podrán cruzarse, y lo que ambas buscamos es una perpendicular.

Cuando me pongo frente al ordenador y me planteo mandarte esta carta lo primero que se me pasa por la cabeza es que estoy traicionando a Carla, que ninguna de las frases anteriores deberían haber sido plasmadas, porque así únicamente circularían dentro de mí y no cabría la posibilidad de que llegases a ellas. Es como si al leer todo esto temiese abrir la herida, y entrometerme de repente en una vida que no m corresponde, por otro lado me siento tan estúpida y tan ególatra al creer que puedo llegar a hacerlo!!.

En muchas ocasiones, como tú, me he preguntado el por qué de lo que m ha sucedido, y sé que algunas de esas respuestas las tienen la gente que me rodea, y tanto para bien como para mal, pasado un determinado tiempo, ninguna me afectaría excesivamente; contigo era diferente porque no te dejé en el ayer, y aunque todavía necesito horas, días, semanas, quizá meses e incluso años estoy convencida que superaré esa etapa. Al fin y al cabo fuiste mi primer amor y ese nunca se olvida.

10 de Enero del 2003
“Tratar de olvidar es querer recordar para siempre”

martes, 2 de septiembre de 2008

Tela de araña

No me convencías, llegué a agobiarme, no entendía tanta dedicación, tanto énfasis, tantos sentimientos incontrolados, la convicción con la que me decías que estabas dispuesta a venirte a vivir a Madrid después de una semana, tanta atención desmesurada, tanta devoción por lo que era en esos primeros días… quizá simplemente me asustaba que las cosas subiesen demasiado deprisa, que fuese un capricho pasajero, que desaparecieras…

Pero lo conseguiste, me tranquilizaste, me diste confianza, me abrazaste cuando lo necesitaba, me susurraste al oído, me hiciste volver a creer que todo era posible, te convertiste en mi presente y en mi sueño de futuro, mi vida empezó a girar entorno a nosotras, hiciste que cayese en ti como si fueras una araña que iba tejiendo su red demasiado deprisa pero con firmeza, justo para atraparme y devorarme entre las sábanas…

Quizá ese era tu objetivo, puede que incluso tú misma te dejaras llevar por la inercia, cuando por fin fui tuya salieron de tus labios esa frase que ya he escuchado tantas veces y que me suena a película rebobinada: no te quiero lo suficiente.

PD: Siento que el primer post que te dedico en este blog vaya a ser también el último.

jueves, 7 de agosto de 2008

Salir del armario VIII

Lee aquí el principio de la historia.

Ya no quedaba otra que tirar pa´lante, aunque los siguientes días están algo confusos en mi memoria, sé que empecé a contarlo con naturalidad y que mis amigas no me defraudaron, siguieron ahí con la curiosidad de quien acaba de descubrir algo nuevo, eso sí, alguna malinterpretó mis acercamientos con la estúpida teoría de que “nos gustan todas” y eso la incluía a ella.

Con los chicos fue otro cantar, pensaron que iba a quitarles la novia o que el típico roce femenino que hasta entonces nunca había importado (abrazos, escapadas al baño o pasear cogidas de la mano) era en realidad una estrategia de conquista por mi parte. Tendría que esperar años para que se disculparan y me volvieran a hablar como si nada, demasiado tarde, eso sí.

El objeto de mi deseo seguía presente, mi temor de que no me volviera a dirigir la palabra despareció al poco y de pronto todo siguió como siempre, como si nada hubiese pasado… como deberían ser las cosas en realidad, salvo por un pequeño problema personal: necesitaba expresar lo que sentía, nunca antes había estado así y ahora podía compartirlo con cualquiera menos con Alicia.

Empecé a hacer las cosas típicas de la edad, escribir nuestros nombres juntos, corazones, pepita x menganita… ¡qué tiempos! e incluso compré un libro de poesía amatoria en el que había subrayado de verde aquellos versos que mejor me reflejaban, hasta que a Laura, mi amigüita guachi peich desde los cero añitos, mi compi inseparable de clase (parece que ya escribo como cuando tenía esa edad :$), se le ocurrió una genial idea: ¿Por qué no se lo mandas?

Matizar primero que por aquel entonces lo de meditar mis acciones no iban mucho conmigo, así que se lo llevé a mi abuelo y le pedí que lo enviara, no caí que el hombre coleccionaba sellos y tenía excedente de los de una peseta, por lo que casi no había hueco para el destinatario en el sobre y así llegó a su buzón. No me extraña que pensasen que provenía de una persona un tanto desquiciada, que se había encargado de salivar decenas de sellos de uno.

lunes, 19 de mayo de 2008

15 de Diciembre del 2002

“Nunca sabes lo q tienes hasta q lo pierdes”

Siempre se habla de promesas incumplidas, de palabras que se lleva el viento y de sentimientos perdidos, borrados o anegados… He perdido muchas cosas, a lo largo de mi vida han pasado decenas de personas que ahora sólo permanecen en el recuerdo, y aunque en su momento sufrí al pensar que todo lo que había construido con ellas se derrumbaba, me di cuenta, con el paso del tiempo, que no tenía que volver a edificar sobre los escombros, sino que cada una de ellas seguía teniendo su parcela dentro de mí, que la amistad y el amor no consistía en cambios de vivienda. La casa es la misma: yo.

Sólo he ido de compras y he redecorado el salón, el dormitorio, el baño… jamás me he desecho de algo voluntariamente, si he tenido que ocupar el hueco de un jarrón antiguo por un florero no he tirado el primero, lo he guardado para cada vez que haga limpieza me recuerde por qué estuvo ahí, qué significó su presencia. Claro está que hay cosas que se rompen y por mucho que intentes pegarlas de nuevo no encajan del todo, algunas no las encuentro y otras no ha quedado más remedio que tirarlas, pero son una pequeña proporción.

A veces me pregunto en que parte estoy de la casa de los demás, si sigo existiendo, si me conservan en un armario o encima del televisor. Cuando fui a Málaga me di cuenta de que ocupamos espacios muy diferentes en la vida de cada una, al menos en la que se muestra a los demás, si vieses mi habitación te sorprenderías, tú crees que te he guardado en lo más hondo de un cajón que en muy contadas ocasiones reviso o que incluso he borrado toda huella de tu existencia, al menos así me haces pensar, y no sabes cuanto te equivocas.

Yo creía que todavía ocupaba un pequeño hueco en la pared, aunque fuese detrás de un mueble… y me dio la impresión de que mi lugar era precisamente ese cajón.

Cuando estoy con alguien, en el plano afectivo que sea, y se ha roto esa relación me
gusta pensar que he significado algo, que no he pasado de largo como una etapa
más de la que ahora no queda ni rastro.

Estas últimas noches he vuelto a releer tus cartas, lo he hecho en diferentes periodos post-pareja, algunas veces he llorado, otras reído, añorado, soñado, esperado… ahora me he detenido con más hincapié en aquellas que escribiste cuando lo dejamos una de tantas veces:

“ Miles de cosas se fueron contigo; montañas de canciones, de pensamientos, de ilusiones, etc / Te echaré de menos. Te quiero, siempre te he querido. / Gracias por cada segundo, por cada cariño, por ser mi primer amor verdadero, por alegrarme cada día y por regalarme tu presencia.”

Permíteme que sea yo en esta ocasión la que te dirija estas letras, aunque las he sentido durante todo este tiempo ha sido en estos días cuando me he dado cuenta que definitivamente todo se acabó. Sí, ya sé que un poco tarde, pero para que veas como son las cosas, tú todavía seguías (y sigues) en mí cuando yo ya me había ido de tu vida.

Tú has encontrado a una nueva persona a la que amar, con la que compartir, con la que volver a prometer e ilusionarse… y me alegro infinitamente porque espero esta sí sea la definitiva. Yo no he podido volver a pronunciar “te quiero” y me machaca la idea de que mi amor por ti sí sea realmente eterno.

“No todo silencio es olvido ni toda distancia es ausencia”