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martes, 11 de octubre de 2011

Fiera Domada

Su nombre me taladra el inconsciente llenando de demonios mi consciencia. Respiro sobre su nuca igual que antes tú lo hacías sobre su sexo. Ella no me ve, pero estoy ahí, aguantándome las ganas de arrancarle la piel a jirones, de morderle lo que le quede de alma y escupirla… quizá me envenene si la rozo… o quizá mi mierda sea más tóxica. Ni ella tan puta ni yo tan santa.

Tú, domadora de fieras, escondes los colmillos bajo las lágrimas. No me encierres en la jaula con ella, no me saques a la pista, no dejes que la huela, que sienta su presencia, que escuche sus pisadas. No quiero saber cómo la alimentaste con tu boca ni cómo lamiste sus heridas mientras ella te chupaba la sangre.

Llagas abiertas, marcas por cada resquicio de tu piel y tu memoria, intentando cicatrizar sin éxito. Te retuerces en el estiércol con el que abonaste las vistas de un dormitorio que ni siquiera era tuyo, mientras a mí me cortas la cabellera y las garras para poder protegerte en mi regazo.

Eres tú quien me ha hecho creer que existe la libertad aunque esté encerrada. Has hurgado en cada milímetro desparasitando mis entrañas. Te debo cada latido y por eso mismo odio a quien te roba el aliento. Quedan minutos, horas, días… puede que semanas. Apretaré la mandíbula, me acicalaré para el espectáculo, entretendré al público, seguiré las instrucciones para las que he sido entrenada tantos años… pero nunca te confíes porque saltaré sobre su yugular ante cualquier movimiento.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Las servidoras de las musas. Roles y estereotipos de las mujeres homosexuales en Chueca (VI)

Introducción
Unos cuantos "por qué" generales
Unos cuantos “por qué” sobre la homosexualidad femenina
Butch/Femme, kiki, lesbian chic y lipstick lesbian
Roles y estereotipos

Toma de contacto

En Puertollano, la primera mujer abiertamente lesbiana que conocí llevaba pelo corto, sin maquillaje, pantalones de pinzas y camisa de hombre, sus gestos y comportamientos eran desafiantes, viriles, se mostraba machista, altiva, y no dudó en utilizar la violencia cuando fue necesario. Salía con otras dos chicas que correspondían al estereotipo femenino y que repetían continuamente una frase que se me haría muy familiar años después: “yo soy heterosexual, sólo me gusta ella”, cuando ni siquiera sabían que eran tres en la relación, ni que con el tiempo, volverían a repetir la experiencia con diversas personas de su mismo sexo, hasta día de hoy, en el que las parejas de ambas es alguien del sexo masculino.

Durante mi adolescencia esta imagen volvería a repetirse varias veces, por suerte, sin cuernos ni manifestaciones agresivas por medio: aquellas que se definían como homosexuales adoptaban roles de hombre, algunas pedían que se les llamase como a uno y se dirigiesen a ellas en masculino, cambiando por completo su identidad de género, utilizando consoladores o calcetines a modo de falo para simular paquete (posteriormente las mismas se someterían a operaciones de cambio de sexo o se hormonarían). Eran y son las butch españolas que Gimeno (2007, p.266) se empeña en dudar de su existencia, quizá porque en la actualidad se les identifica como transexuales, por lo que butch dejaría de tener validez a no ser que se le equiparase con “camionera”.

Otras, sin embargo, camuflaban su físico y aparentaban ser un hombre, pero no adoptaban roles masculinos, era un “disfraz” que la mayoría se quitó con el tiempo.

He de decir que no conocí a ninguna que cumpliese el prototipo femme porque pese a reflejar todos sus rasgos físicos y “comportamentales”, salían con un hombre y tenían escarceos con mujeres, o bien, mantenían sus relaciones lésbicas en secreto (todavía lo hacen). Cuando les preguntabas sus razones decían que ellas eran heteros y no querían que el resto las viese como “bolleras” o que sus familias no debían enterarse (llegaron a amenazar a sus parejas para que mantuviesen la boca cerrada). Para mí, se debía a una homofobia auto-infringida.

No pretendo basar mi estudio en las puertollanenses, pero entiendo que en sitios como Barcelona o Madrid no se vive igual la condición sexual que en pequeños pueblos de la península, y me parecía necesario mencionarlas puesto que sus voces son también las mías y sobre todo, porque lo considero esencial para poder hablar de diversidad e incluso para establecer ciertas similitudes y diferencias respecto a aquellos sitios en los que existe una subcultura, de la que hablaremos más adelante, que te permite ser escuchado, respetado o simplemente ser tú mismo.

Bibliografía

domingo, 2 de mayo de 2010

¿En qué clase de planeta estamos?



Nada que añadir al vídeo salvo que es parte de la campaña norteamericana “Rock For Equality” y que ha ganado el 4º premio del Concurso DoGooder Nonprofit Video Awards de See3 Comunicaciones y YouTube.

viernes, 30 de abril de 2010

Noche de Insomnio

No podía dormir. Me giré. Nos separaba medio metro, pero parecían cientos de kilómetros. Te miré durante unos minutos y sentí tu respirar acompasado, casi como si estuviese dentro de tu pecho. Me pregunté qué había salido mal y quise meterme entre tus sábanas y acariciarte como esa noche cuyo recuerdo parecía tan sólo un sueño lejano. Ahora ya era demasiado tarde.

Me incorporé y salí de la habitación sin hacer ruido. La madera crujía bajo mis pies descalzos. La puerta chirrió a mi espalda. La dejé entreabierta y me senté en el banco del porche. La luna iluminaba las copas de los árboles, que se movían al compás de una suave brisa de verano, era pleno agosto y sólo se escuchaba el sonido del romper de las olas bajo la colina.



Crucé las piernas y me encendí un cigarro. En el pequeño fulgor de una calada vi tu silueta aproximándose:

- Me he despertado y no estabas - me susurraste despacio para no interrumpir el sueño a las demás.
- No podía dormir – te contesté

Cogiste el tabaco y me preguntaste con la mirada si podías. Sonreí y afirmé con la cabeza. Te sentaste a mi lado y apoyaste tu mano en mi pierna mientras un escalofrío subía de mi espalda a la nuca. Volvimos a mirarnos. No hacía falta decir nada más.

Comenzaste a temblar de forma casi imperceptible, salvo porque me he acostumbrado a ciertos de tus movimientos como si fuesen míos. Cogí la manta que estaba en el respaldo y me incliné para ponerla sobre tus hombros. Me quedé apenas unos segundos con mis manos en tus brazos y te acercaste hacia mí, me rozaste los labios con los tuyos y abriste suavemente la boca. Sentí tu lengua por primera, y posiblemente última vez, buscando la mía, muy despacio, como si cualquier brusquedad pudiese hacer que amaneciese de golpe y despertarnos.

Te separaste apenas unos milímetros y me clavaste tus ojos en los míos para arremeter con más fuerza, como si una vez traspasada la barrera ya no importase nada. El mundo se nos podía caer encima porque en ese momento no existía nadie más en el universo salvo tú y yo. Hasta la luna nos hizo un favor y se escondió detrás de una nube para dejarnos asolas.

Sentada sobre mí y sin despegarnos, la humedad de nuestras lenguas fundidas fue bajando hasta la entrepierna. Mis manos se acoplaron en tu culo y te pegaste a mí como si nuestros sexos pudiesen traspasar la ropa e incluso mutar de género en cuestión de minutos. Quería sentirme dentro de ti. Tus caderas comenzaron a moverse con el mismo ritmo acompasado de tu respiración hacía sólo unos instantes a medida que los dedos exploraban, descubrían nuevos rincones donde acariciar, donde arañar.

La manta cayó al suelo y al poco le siguió tu camiseta. Me debatía entre seguir lamiéndote los labios o descender hasta tus pezones erectos, que me llamaban y jugueteaban con la yema de mis dedos. Opté por esto último mientras mi mano derecha buscaba un nuevo horizonte bajo la goma de tu pantalón y tu ropa interior y la izquierda se aferraba a tu espalda. Un breve jadeo más alto que los que le precedían salió de tu garganta en el momento que me introduje en ti y el pulgar se quedaba en tu clítoris. Un dedo fue a parar a tus labios para silenciarte y tú empezaste a lamerlo... Te cogí de la nuca y volví a comerte la boca sin dejar de tocarte. Estabas mojada y yo sólo deseaba nadar en ti, convertirme en ola y chocar contra tu cuerpo una y otra vez, que la noche no terminase nunca, cambiar el sonido de los pájaros por el de tu respirar acelerado.

viernes, 9 de abril de 2010

¿Alguien quiere una cerveza? Elektra – I don´t do boys

No se si me gusta más el vídeo o la canción, pero como las imágenes no necesitan explicación mejor os cuento que la canción se titula “I don´t do boys” que viene a ser “No me acuesto con chicos”. Sus intérpretes son la banda islandesa Elektra.



No ha resultado nada fácil encontrar información de estas chicas, sólo os puedo decir que el año pasado se presentaron para representar a su país en el Festival de Eurovisión con “Got no love” y que se definen en MySpace como un grupo de electro-rock.

A mí desde luego, Nana (vocalista y guitarra), Eva (bajo y guitarra), Dísa (batería), Brynhildur (vocalista y guitarra) y Linda (teclado, sitetizadores y vocalista) han hecho que a falta de otra cosa me esté tomando una cerveza mientras escribo este post.

Si quieres leer la letra en inglés y en español de “I don´t do boys” puedes visitar la web de Lesbicanarias.

martes, 25 de agosto de 2009

Las servidoras de las musas. Roles y estereotipos de las mujeres homosexuales en Chueca (V)

Introducción
Unos cuantos "por qué" generales
Unos cuantos “por qué” sobre la homosexualidad femenina
Butch/Femme, kiki, lesbian chic y lipstick lesbian

Roles y estereotipos

Para mí, que provengo de una pequeña ciudad con mentalidad de pueblo (Puertollano, Ciudad Real) y que llevo más de 10 años saliendo por el ambiente, era evidente al comenzar este estudio que algo había cambiado en la realidad homosexual femenina vinculada a dichos clubs, bares y discotecas. Una “mutación” que traspasa las fronteras de la noche y que refleja un cambio a favor de la diversidad, pero que posiblemente se limita a los espacios visibles de encuentro entre mujeres.

Lo primero que hice fue sondear diversas opiniones sobre la imagen que se tenía de una mujer gay, para comprobar si el pensamiento que se mantenía sobre las lesbianas seguía relacionándolas con hembras varoniles que imitan al hombre, para ello, emplee las nuevas posibilidades que brinda Internet creando un grupo en la red social Facebook, que ha tenido escasa participación, y lanzando una cadena de mails con una serie de preguntas abiertas orientadas a dicho interés, que sí resultó más efectiva, con casi 50 respuestas provenientes, en su mayoría por mujeres, de diversas partes de la geografía española y con edades comprendidas entre los 15 y 30 años.

Aunque se comprueba en las respuestas una tendencia hacia la normalización, siguen existiendo un amplio abanico de tópicos. También hay que aclarar que la muestra es suficiente para mi intención pero no para generalizar visiones de los jóvenes respecto a la homosexualidad femenina. A continuación recojo algunas de dichas contestaciones:

“No digo que a algunas personas de verdad les guste alguien de su mismo sexo, pero no creo que sea para toda la vida, sino que lo hacen por curiosidad y por probar cosas que no hace normalmente todo el mundo” Mujer, autodefinida como heterosexual, 26 años.

“Pueden existir personas bisexuales, pero son aquellos que están con una persona de distinto sexo y que a veces les gusta compartir sexo con personas de su mismo sexo” Hombre, autodefinido como gay, 23 años.

“Muchas de ellas se creen ellos, y no sólo se visten de manera masculina -eso es lo de menos- sino que se comportan como chicos.” Mujer, pasa de etiquetas, 27 años.

“Si me dices que una persona con aspecto masculino es lesbiana, no me sorprendo tanto como si me dicen que lo es una “pijilla”, a esta última la relaciono más con bisexual” Mujer, autodefinida como heterosexual, 23 años.

Durante estos últimos tres meses he interrogado, siempre que me ha sido posible y sacando el tema en diferentes conversaciones, sin nombrar el objetivo de dichas cuestiones, a chicos heterosexuales y a personas de edades más avanzadas a la anterior.

En el primer caso, fue aprovechando salidas con los amigos. Los sujetos, salvo excepciones, evidenciaron mostrarse violentos ante el tema del lesbianismo, cuando no lo desviaban hacia el tema de la pornografía. En no pocas ocasiones partían de una visión de la lesbiana hombruna que no había probado un buen atributo “varonil” o que no era lo suficiente atractiva para atraer al sexo masculino.

En el segundo, por el contrario, realizado en peluquerías de mi ciudad de origen, recogí las impresiones de mujeres de entre 50 y 90 años, que coincidieron en que pese a ser unas “guarras”, (para otras era directamente una enfermedad, incluida mi abuela), podían hacer lo que quisieran con sus vidas siempre y cuando no lo manifestaran en público.

Claro está, que estos son los extremos de dichas opiniones, al menos así me gusta creerlo, puesto que atribuyo a la coincidencia que en este tiempo fuesen mayoritarios los que pensasen así, teniendo en cuenta que en toda mi vida, siempre que ha salido esta temática, han sido muchos y muchas quienes han demostrado una actitud más abierta y tolerante.

Bibliografía

domingo, 9 de agosto de 2009

Las 20 mujeres más sexys según elenilla69: 19. Pink

No es para nada mi prototipo de mujer, sin embargo, hay algo en su chulería, en su androginia y en su “entiendo pero no”, que me pone (quizá es que de mayor quiero ser como ella). Al menos sabemos que hay una mujer que le atrae, que incluso le provoca ciertas fantasías y es que se quiere a sí misma como pocas y para muestra, el videoclip de “Sober”, en el que también refleja su supuesta adicción al alcohol.

Aunque se ha rumoreado sobre su bisexualidad ella siempre lo ha desmentido, pero claro, si no quieres que hablen de ti tampoco vayas diciendo por ahí que Christina Aguilera quiere montárselo con Lindsay Lohan (nº 20), que por otro lado, tampoco es que sea muy descabellado.



En la actualidad parece que intenta retomar la relación con su ex marido, aunque bueno “todo el mundo es hetero hasta que se demuestra lo contrario” y yo creo que simplemente no ha llegado la mujer que se plante frente a ella y le diga: “Tú no eres la mejor. La mejor soy yo”. Así que hasta que llegue ese momento os recomiendo que escuchéis su último disco, “Funhouse”, que es uno de sus mejores trabajos hasta la fecha.

jueves, 6 de agosto de 2009

Las 20 mujeres más sexys según elenilla69: 20. Lindsay Lohan

No hago más que ver listas a diestro y siniestro, así que he decidido crear la mía propia y así dedicarles unas breves palabras a cada una de esas mujeres con las que alguna vez he soñado despierta.

No son las más guapas, no son las más sexys, puede que en la mayoría de los casos prefiera conocer a su personaje que a la actriz (lo cierto es que las lesbianas solemos fantasear más con quienes hayan tenido un papel homo/bisexual en la pequeña o gran pantalla), no son todas las que están, ni están todas las que son.

20. Lindsay Lohan

No me preguntéis por qué, yo misma sigo sin entenderlo, quizá seguiría pensando de ella que es una “niña malcriada con ganas de destacar sin ningún tipo de atractivo físico” sino fuese por su relación con Samantha Ronson y por aquello que inspiró a crear el personaje de Niki Stevens en The L Word, que por otro lado reconozco que Kate French está mucho mejor, pero si me diesen a elegir entre conocer a una u otra creo que me interesaría más saber si hay algo dentro de la cabeza de Lindsay que le lleve a hacer ciertas cosas (las que parecen más tontas al final no lo son tanto y eso, para mí, tiene su morbo).

Próximamente sacará su tercer álbum de estudio y tiene varios proyectos cinematográficos en el aire (aunque ni me compraré el primero ni iré a verla en pantalla grande), mientras que en lo referente a su vida privada (mucho más interesante) sigue “curándose” las heridas de su ruptura. ¿Se quedará finalmente con las mujeres o volverá “al lado oscuro”?

viernes, 31 de julio de 2009

Las servidoras de las musas. Roles y estereotipos de las mujeres homosexuales en Chueca (IV)

Introducción
Unos cuantos "por qué" generales
Unos cuantos “por qué” sobre la homosexualidad femenina

Butch/Femme, kiki, lesbian chic y lipstick lesbian

Si hoy en día existen estereotipos es porque los ha habido y los hay, pero eso no quiere decir que podamos encasillar a cada persona en uno de ellos, son los extremos más destacados, quizá también los más visibles a lo largo de la historia, sin embargo, encontramos una múltiple gama de grises que no siempre tenemos en cuenta cuando hablamos de mujeres homosexuales, a las que se ha identificado siempre como butch, en el caso estadounidense, o “camioneras”, en el español, además, estos dos términos tampoco significan lo mismo ni reflejan una estética y comportamiento similar, puesto que el contexto cultural y social en el que se han desarrollado es diferente.

En Estados Unidos, la diferencia de género alcanza el máximo ideal, ellas tienen que ser como Barbie y ellos como Ken, es precisamente esta idealización de los roles, sumados a una sociedad patriarcal y machista, dominada por la masculinidad, lo que impulsó a la aparición en los años 20 y hasta los 60 de la dicotomía butch/femme. Para Esther Newton (cit. en Gimeno, 2007, p. 271), “las mujeres se masculinizaban buscando convertir a las lesbianas, convertirse a ellas mismas, en seres sexuales, cosa que sólo podían hacer adoptando el estereotipo masculino, ya que sólo lo masculino podía hablar de sexo”.

Así lo recoge también Irene Lozano (1995, p. 43-44), cuando al hablar del lenguaje dice: “A la mujer no le estaba permitido manifestar exteriormente ni agresividad verbal, pues implicaba desobediencia, insumisión y voluntad de imponerse, ni expresiones con carga erótica u obscena, pues era un comportamiento falto de feminidad e impropio de una señorita”.

Por tanto, no podemos referirnos sólo a una adaptación al rol del hombre únicamente como disfraz a partir de los rasgos externos, las butch, también mudaban su comportamiento a lo que se esperaba del género masculino y a la hora de buscar una pareja ésta debía corresponder al estereotipo de femme, o lo que es lo mismo, al extremo de la feminidad (Gimeno, 2007, p. 270).

Con este pasado, es normal que se haya creado una idea equivocada de la homosexualidad femenina, y digo equivocada porque como bien establece Beatriz Gimeno (2007, p. 268-269), estas dos identidades estaban ligadas estrechamente a la clase obrera, las únicas que en aquella época asistían a los bares de “ambiente” y las que necesitaban hacerse pasar por un hombre como forma de acceder a determinados recursos disponibles sólo para los varones. Las mujeres de clase pudiente o universitarias hacían reuniones privadas, muchas en sus casas, lejos de las miradas ajenas, y no necesitaban adoptar estos roles, son por tanto y de nuevo, las invisibles.

También existió quienes no se encontraban ni en “blanco” ni en “negro”, son las denominadas kiki, quizá lo que ahora entenderíamos como andrógina, en un punto intermedio entre lo masculino y lo femenino, son a su vez, mujeres olvidadas, aquellas a las que se han dedicado pocas páginas y que sin embargo, si prestamos atención al trabajo realizado (para mí estricto y demasiado categorizador y limitado), por Spence y Helmreich (cit. en Hyde, 1995, p.315) en los años 70, encontramos que suman el número más alto dentro de lo que ellos denominaban “lesbianas”.

A finales de los 80, pero sobre todo durante la década de los 90, Norteamérica volvió a potenciar las diferencias de género ligadas a la partición butch/femme, pero reinterpretando su significado, es lo que se conoce como la Teoría Queer, cuyo objetivo es “deconstruir” las identidades sexuales tradicionales, desestabilizando los binomios hombre/mujer y heterosexual/homosexual, ampliando la categorización en función de las construcciones sociales de cada individuo, de tal modo que sería totalmente aceptable que a un hombre le gustase planchar y a una mujer jugar al futbol, sin necesidad de autodefinirse o encasillarse en un lado u otro, “se trataba de que todas las personas experimentaran su sexo, género y deseo de forma diversa, tanto que carecía de significado limitarlos a los rígidos patrones identitarios provistos desde las producciones culturales” (Talburt y Steinberg, 2005, p.9)

En este contexto, los medios de comunicación y la publicidad decidieron darle protagonismo a las lesbianas, reinventándolas al gusto de los hombres heterosexuales y convirtiéndolas en un bien de consumo capitalista, hablamos de las lesbian chic (Gimeno, 2007, p.265), una categoría creada desde fuera, vendida como homosexual, sin llegar a serlo del todo, o al menos con serias dudas. El lesbianismo se convirtió en una tendencia, en una moda, eran y son, pues todavía perviven hoy en día, las “bolleras con glamour”: mujeres femeninas, también denominadas lipstick lesbian (lesbiana de barra de labios), que cumplen el rol extremo de lo que se ha considerado, como género, ser mujer, ampliándolo con una libertad sexual inusual acorde a los tiempos actuales, como símbolo y reclamo promocional empleado por actrices y cantantes (véase Madonna o el grupo t.A.T.u.). “Considera que la pluma es de mal gusto, le agrada gustar a los hombres, incluso podría decirse que eso es lo que busca, calentarlos. En realidad, es la lesbiana que encarna una de las más persistentes fantasías (hetero)sexuales masculinas” (Gimeno, 2007, p.287)

Pero también, y es algo que obvia la presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGT), Beatriz Gimeno, la lesbian chic, ha empezado a encarnar una fantasía y un referente para las mujeres homosexuales, de ahí el éxito de la serie The L Word, que ha conseguido erotizar a sus personajes al modo femenino, alejado de la pornografía masculina, mostrando una nueva forma de ver a las “safistas” sin asociarlas con los retrógrados estereotipos de masculinidad, ¿o no lo son tanto?

Bibliografía

jueves, 2 de abril de 2009

Las servidoras de las musas. Roles y estereotipos de las mujeres homosexuales en Chueca (III)

Introducción
Unos cuantos "por qué" generales

Unos cuantos “por qué” sobre la homosexualidad femenina

Durante siglos las mujeres homosexuales han sido inexistentes, invisibles, tanto es así que cuando se declaró ilegal la homosexualidad en Inglaterra (1885), el lesbianismo no fue perseguido porque la Reina Victoria no concebía la idea de que existiesen dos mujeres que se atrajeran mutuamente. Las mujeres podían ser adúlteras o prostitutas, pero no lesbianas.

Las primeras investigaciones al respecto se realizaban en centros de psicoterapia, ya que se daba por hecho que era una forma anormal de adaptación y era más fácil acceder a ellas en las clínicas, por lo que no es de extrañar que encontrasen trastornos de personalidad en dichos sujetos (Hyde, 1995, p.314). Tampoco debemos olvidar que no ha sido hasta 1973 cuando la American Psychiatric Association decidió eliminar la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales, pese a que en 1954, Evelyn Hooker ya había demostrado que los síntomas psicopatológicos de los homosexuales eran producto de la discriminación social (Viñuales, 2006, p.41), así que no estamos hablando de épocas ancestrales.

Freud (Nava, Pedreguera y Torres, 2006) opinaba que todos somos bisexuales, sin embargo, una de sus explicaciones sobre el origen de la homosexualidad se basaba en una patología en el desarrollo de la sexualidad femenina por la que la mujer en cuestión envidiaba el pene paterno, o incluso porque consideraba a la madre como un ser débil en relación al padre. Esta y otras teorías, como la de Charlotte Wolff (cit. en Hyde, 1995, p.316), para la que las lesbianas procedían de familias con padres ausentes y/o buscaban la igualdad con el hombre para así conseguir el amor de sus madres, contribuyeron a confundir el género con la sexualidad, universalizando la idea de la mujer gay como tendiente a la masculinidad.

Bibliografía

Imagen: Flickr by González-Alba. Some rights reserved.

lunes, 30 de marzo de 2009

Las servidoras de las musas. Roles y estereotipos de las mujeres homosexuales en Chueca (II)

Introducción

Unos cuantos “por qué” generales

Vivimos en una época de aparente normalización, España es uno de los pocos países del mundo que permite las bodas entre personas de su mismo sexo y en el que se lucha por la equiparación de derechos, aun así, el último sondeo sobre la homofobia del Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid (COGAM) realizado por la socióloga Lola Martín, confirma que un 69% de los encuestados han padecido ataques homófobos, más de la mitad de ellos producidos durante el 2007 y 2008, por razones como encontrarse en un lugar considerado de ambiente, besarse con sus parejas en público o porque el agresor “dedujo” su homosexualidad por la forma de vestir.

Además, recientemente hemos sido testigos de la inhabilitación por dos años y 6.000 euros de multa impuestos al juez de familia Fernando Ferrin Calamita por retrasar el proceso de adopción de una menor por la pareja de su madre biológica, también mujer, aunque la sentencia no es aún firme (El País, 2008). En este caso, podríamos decir que se está haciendo justicia, pero sólo hubo que esperar unos días para que se creara una campaña solidaria a su favor, apoyada por la Conferencia Episcopal y por la cadena COPE, entre otros (www.cope.es, 2009).

Sin irnos tampoco muy lejos, el pasado 28 de diciembre, se volvió a convocar el encuentro por la familia cristiana en la plaza madrileña de Colón, con casi un millón de asistentes según informativos Telecinco, en el que Monseñor María Rouco Varela lanzó un claro mensaje contra el aborto y el matrimonio o la maternidad/paternidad homosexual (www.telecinco.es, 2008).

Estos son sólo tres ejemplos que reflejan la discriminación que sufre este colectivo en nuestro país, sin intención de politizar mi discurso, por no hablar de aquellos en los que ser gay constituye un delito con penas de cárcel o muerte o de la aprobación de la “Proposición 8” en el Estado de California, referéndum por el que sólo la unión matrimonial entre un hombre y una mujer es válida y reconocida.

Esta persecución “ideológica” o “moral” tiene una base clara: el desconocimiento de la realidad, la simple ignorancia y los prejuicios a los que se han aferrado las sociedades tras décadas de persecución e informaciones distorsionadas, difusas y en muchos casos inexistentes acerca de la homosexualidad, las mismas que han “invisibilizado” a las lesbianas y que intentan seguir haciéndolo. Es por tanto mi intención brindar un poco de luz en este tema, con la esperanza, utópica, de que el día de mañana la igualdad parta de la aceptación de la diversidad y uno pueda expresar sus opiniones sin atacar al resto, o al menos, si lo hace, con conocimiento de causa.

Bibliografía

lunes, 23 de marzo de 2009

Las servidoras de las musas. Roles y estereotipos de las mujeres homosexuales en Chueca (I)

Introducción

La escasez de datos certeros en torno a la figura de Safo ha levantado a lo largo de la historia toda clase de especulaciones, sólo podemos situarla entre el año 650 y el 580 a.C. en la isla griega de Lesbos (a excepción de un breve exilio a Sicilia), donde parece ser que las familias mejor posicionadas enviaban a sus hijas con edad casadera para que aprendiesen las tareas de toda buena “señorita”, en concreto, el lugar elegido era la “Morada de las servidoras de las musas”, nombre con el que la poetisa llamaba a su casa.

Allí aprendían literatura, a cantar y bailar, incluso hay quien dice que también mantenían sus primeras relaciones sexuales entre ellas, como preparación al matrimonio, en un sentido educativo, al igual que en Atenas los hombres se iniciaban en estas lindes unos con otros.

Lo cierto, es que sólo se conservan algunos fragmentos de su obra, de los cuales se han encontrado versos en los que su autora profesaba el amor hacia las mujeres, pero también a los hombres, puesto que cuenta la leyenda que fue precisamente por enamorarse de uno de ellos (Faón), y no ser correspondida, por lo que perdió la vida arrojándose desde lo alto de una roca (www.historiadegrecia.eu, 2009).

De lo que no cabe duda es que supone el origen etimológico de los términos “lesbiana” y “safista” con los que se denominan en la actualidad a aquellas mujeres atraídas por personas de su mismo sexo.

No pretendo hacer un repaso a la historia de la homosexualidad femenina, puesto que para ello ya existen numerosos libros y estudios, aunque sí es mi intención darle un sentido a lo que vamos a tratar en estas páginas, y para hacerlo, será necesario recurrir a algunas referencias históricas que contribuyan a acercarnos a los roles y estereotipos de todas estas mujeres, a las que procuraré dirigirme en el menor número de ocasiones posibles sólo como lesbianas, ya que si algo he aprendido a lo largo de estos años, es que tratándose de sentimientos y sexualidad, lo único claro es que la diversidad es la norma.

Mujeres que únicamente se han enamorado y han sido pareja de otras mujeres; mujeres que habiendo estado con hombres se enamoraron de una mujer y no volvieron a sentir nada por un hombre; quienes sólo han tenido sexo con mujeres pero para una relación estable prefieren a los hombres o al revés; aquellas a las que le es indiferente el físico porque dicen enamorarse de “la persona”; incluso otras que durante su juventud, o a más avanzada edad, probaron a acostarse con alguna amiga o conocida para descartar la posibilidad de una cierta tendencia gay y no desean repetir la experiencia, o sí; también al contrario, mujeres autodefinidas como lesbianas que sintieron la curiosidad de tener sexo con un hombre… Todas ellas entran en este contexto, porque todas ellas entran dentro, de una forma u otra, de la homosexualidad entre mujeres, contribuyendo, en menor o mayor medida, a la consideración e imagen que el resto de la sociedad tiene de ellas.

Tampoco me gustaría entrar en un debate sobre lo que se considera ser o no homosexual, sobre si la lesbiana nace o se hace, pero sí dejar claro que existe una diferencia entre estar con alguien por una atracción física y profunda o interior (lo que se conoce comúnmente como enamoramiento), o bien por simple deseo carnal o pasar una noche “agradable” (luego dependerá de otros muchos factores la satisfacción de estos propósitos). Así pues, no se puede confundir, por poner un ejemplo, bisexualidad con vicio, por otro lado, uno de los grandes estereotipos prefijados, ni se puede decir, como recoge Olga Viñuales (2006, p.53), que existe la lesbiana ideal o “auténtica”, porque no existe una única manera de experimentar el hecho homosexual.

Quedémonos, aun así, con la definición de Herrero Brasas (cit. en Viñuales, 2006, p.43) que a mi entender me parece acertada y que también considera la anterior autora en su tesis doctoral: “Homosexual es la persona que siente una preferencia afectiva y atracción sexual claramente definidas por individuos de su mismo sexo, aunque no tenga habitualmente, o no haya tenido nunca, relaciones sexuales con personas de su mismo sexo, o incluso aunque tenga relaciones sexuales con personas del sexo contrario de modo ocasional, habitual o exclusivo”

Bibliografía

viernes, 2 de enero de 2009

Cuando el amor llega…

… la creatividad se interrumpe… quizá porque mis inspiración viene precedida de nubarrones negros, puede que sea porque el poco tiempo libre lo dedicas a esa persona o porque la felicidad es mejor demostrarla que explicarla con palabras.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Ayuda para investigación sobre mujeres homosexuales

Estoy haciendo una investigación sobre las mujeres homosexuales en Chueca y necesitaría vuestra colaboración. Si podéis, contestarme a una o varias preguntas. O es necesario que entendáis, ni que seáis chicas, ni que viváis en Madrid, ni nada de eso… es para hacerme una idea general de lo que opinan, tanto desde dentro como desde fuera, de las lesbianas.

¿Cómo definirías a una lesbiana? (Quitando lo de “una mujer que se siente atraída por personas de su mismo sexo”)
Edad y Sexo
¿Eres hetero, bi, trans, homo, pasas de etiquetas…?
¿Habéis salido por Chueca? ¿Con qué frecuencia?
¿Qué sitios de ambiente o no frecuentáis?
¿Profesión? Y si no es mucho pedir… ¿sueldo bruto al año?
¿Cómo creéis que se ven las lesbianas desde fuera o como las veis en el caso de que pertenezcáis a otro sector de la población?
¿Creéis que podéis distinguir a una lesbiana por su aspecto?
¿Has sido o te han sido infiel?
(Si esta pregunta podéis desarrollarla con por qué o similares, mejor)
¿Crees que hay más promiscuidad en el mundo homosexual femenino? ¿En comparación con qué o quienes?
¿Te sientes satisfecha/o en tus relaciones sexuales? ¿Utilizas algún tipo de juguete?
¿Has tenido o tienes una relación estable? ¿Cuánto ha durado?
¿Cómo te planteas el futuro?
¿La lesbiana nace o se hace?
¿Qué opinas de la bisexualidad?
¿Qué tipo de series, películas o programas ves?
¿Qué libros te gustan?

Si además de estas se os ocurre cualquier otra cuestión relevante u os apetece extenderos más por mí encantada. Digamos que el tema va sobre roles y estereotipos, lo que se piensa y lo que corresponde con la realidad.

Si alguna quiere participar en una dinámica de grupo para discutirlo invitaré a cerveza… jajaja!!

Muchas gracias

viernes, 26 de septiembre de 2008

But I´m a Cheerleader

Siento decir que no estoy en una época muy sentimental que digamos, de ahí que no escriba mucho sobre romanticismos varios, ni piense demasiado en “tiempos pasados” por si se cumple aquello de que son mejores. Así que entre capítulo y capítulo de “Weeds” saco algún ratito para ver alguna película y saber cómo está la competencia cuando decida publicar mi novela y luego llevarla al cine… jejeje!

Lejos de lo que pueda parecer por el título y por el cartel “But I´m a Cheerleader” es un film que, a diferencia de “D.E.B.S.”, sí recomiendo ver. La historia gira en torno a las instituciones y los programas de rehabilitación basados en pasos (Quédate sólo con el primero: ACEPTACIÓN), en este caso para dejar de ser homosexual en la “América profunda”, algo que por desgracia sigue siendo una realidad. Con humor e ironía, Jamie Babbit (que también ha dirigido algún episodio de The L Word), presenta lo ridículo que pueden llegar a ser estos centros mostrando teorías sobre el “perfecto” matrimonio y la sumisión de la mujer al hombre, eso sí, aunque intentan romper moldes sobre los estereotipos no os esperéis una obra maestra, es bastante predecible y las escenas subidas de tono (si alguna vez las hubo) fueron eliminadas para que pudiesen verla los menores.

Tiene momentos muy buenos (las caras de la protagonista son un punto) y otros un tanto aburridos, para pasar una tarde entretenida en lugar de ver un Telefilm de Antena3 y por supuesto, para las fans incondicionales de Clea DuVall, una actriz de la que muchas esperan su salida del armario tarde o temprano y que tiene ese puntito ambiguo que tanto suele gustar, además, aumenta el morbo sabiendo que en la vida real es amiga de Leisha Hailey (Alice) y que tienen un corto juntitas titulado “Is not easy being green”.



En fin, que me lío, la peli es de 1999, a su directora y guionista se le ocurrió la idea partiendo de la experiencia personal (su madre ayudaba a los jóvenes con problemas de alcohol y drogas) y transformándola al leer una noticia sobre un gay que después de que intentasen “curarle” terminó odiándose a sí mismo. Las actrices son la anteriormente mencionada y Natasha Lyonne y poco más que decir al respecto, como alguien me dijo hace poco “no os cambiará la vida” pero os hará pasar un rato divertido (siempre y cuando no tengáis nada mejor que hacer, claro).

Más info en Wikipedia

martes, 2 de septiembre de 2008

Tela de araña

No me convencías, llegué a agobiarme, no entendía tanta dedicación, tanto énfasis, tantos sentimientos incontrolados, la convicción con la que me decías que estabas dispuesta a venirte a vivir a Madrid después de una semana, tanta atención desmesurada, tanta devoción por lo que era en esos primeros días… quizá simplemente me asustaba que las cosas subiesen demasiado deprisa, que fuese un capricho pasajero, que desaparecieras…

Pero lo conseguiste, me tranquilizaste, me diste confianza, me abrazaste cuando lo necesitaba, me susurraste al oído, me hiciste volver a creer que todo era posible, te convertiste en mi presente y en mi sueño de futuro, mi vida empezó a girar entorno a nosotras, hiciste que cayese en ti como si fueras una araña que iba tejiendo su red demasiado deprisa pero con firmeza, justo para atraparme y devorarme entre las sábanas

Quizá ese era tu objetivo, puede que incluso tú misma te dejaras llevar por la inercia, cuando por fin fui tuya salieron de tus labios esa frase que ya he escuchado tantas veces y que me suena a película rebobinada: no te quiero lo suficiente.

PD: Siento que el primer post que te dedico en este blog vaya a ser también el último.

viernes, 29 de agosto de 2008

Vamos a contar homosexuales

¿Cuántos hay en tu clase? ¿y en tu trabajo? ¿Cuándo pondrán una casilla en los formularios de las Administraciones públicas en las que después de hombre o mujer te pregunten si eres homo o hetero? Hay cosas que todavía no entiendo, no sé si lo harán por cuestión de estadística (que lo dudo) o por el simple morbo. Me explico.

El diario Marca, en su edición digital, comienza una noticia así: “En los Juegos Olímpicos de Pekín compitieron, de forma oficial, un homosexual, nueve lesbianas y una bisexual”.

Curioso por varios motivos, el primero, ¿de 10.500 atletas sólo han “salido del armario” 10? a lo que se contrapondría ¿es un requisito imprescindible decir tu orientación antes de competir?

Segundo, si los estudios apuntan que al menos un 13% de la población es gay, esto quiere decir que sólo un 0,1% viven sus relaciones de forma abierta, algo que apoya las teorías de quienes piensan que somos tres desviados, porque por triste que parezca a veces el apoyo de un personaje público que no se dedique al mundo del espectáculo puede hacer mucho a nuestro favor, mientras se normaliza la situación, claro.

Tercero, 9 de 10 eran mujeres… ¿para qué narices el lema del orgullo de este año fue “por la visibilidad lésbica” o es que las deportistas son invisibles y sólo contamos a los tertulianos y colaboradores de la televisión?

Para seguir hay que volver a echarle un vistazo al artículo: “Matthew Mitcham ganó un oro en salto de trampolín y fue a celebrarlo con su madre y su novio, pero la NBC cortó la emisión en este último punto de la ceremonia” ¡Cuidado! ¡Dos hombres se besan! ¡nos volveremos todos maricones si lo vemos!

Cuarto, ¿no afecta a la virilidad ver a 22 tíos en calzoncillos magreándose y tocándose el culo cada vez que meten un gol?

Y por último, me ha resultado gracioso (a la par que evidente) que los gestos afectivos entre novias sí han sido publicados durante la retransmisión de los juegos por la misma cadena, ¿es más interesante o menos pecaminoso cuando lo hacen dos mujeres? Ejem… sin comentarios.

jueves, 7 de agosto de 2008

Salir del armario VIII

Lee aquí el principio de la historia.

Ya no quedaba otra que tirar pa´lante, aunque los siguientes días están algo confusos en mi memoria, sé que empecé a contarlo con naturalidad y que mis amigas no me defraudaron, siguieron ahí con la curiosidad de quien acaba de descubrir algo nuevo, eso sí, alguna malinterpretó mis acercamientos con la estúpida teoría de que “nos gustan todas” y eso la incluía a ella.

Con los chicos fue otro cantar, pensaron que iba a quitarles la novia o que el típico roce femenino que hasta entonces nunca había importado (abrazos, escapadas al baño o pasear cogidas de la mano) era en realidad una estrategia de conquista por mi parte. Tendría que esperar años para que se disculparan y me volvieran a hablar como si nada, demasiado tarde, eso sí.

El objeto de mi deseo seguía presente, mi temor de que no me volviera a dirigir la palabra despareció al poco y de pronto todo siguió como siempre, como si nada hubiese pasado… como deberían ser las cosas en realidad, salvo por un pequeño problema personal: necesitaba expresar lo que sentía, nunca antes había estado así y ahora podía compartirlo con cualquiera menos con Alicia.

Empecé a hacer las cosas típicas de la edad, escribir nuestros nombres juntos, corazones, pepita x menganita… ¡qué tiempos! e incluso compré un libro de poesía amatoria en el que había subrayado de verde aquellos versos que mejor me reflejaban, hasta que a Laura, mi amigüita guachi peich desde los cero añitos, mi compi inseparable de clase (parece que ya escribo como cuando tenía esa edad :$), se le ocurrió una genial idea: ¿Por qué no se lo mandas?

Matizar primero que por aquel entonces lo de meditar mis acciones no iban mucho conmigo, así que se lo llevé a mi abuelo y le pedí que lo enviara, no caí que el hombre coleccionaba sellos y tenía excedente de los de una peseta, por lo que casi no había hueco para el destinatario en el sobre y así llegó a su buzón. No me extraña que pensasen que provenía de una persona un tanto desquiciada, que se había encargado de salivar decenas de sellos de uno.

Terapia para dejar de ser lesbiana

Hace como unos diez años fui al psicólogo: mi padre había muerto, la relación con mi madre era cada vez peor, mis abuelos seguían llorando cada dos días, estaba en plena adolescencia y acababa de salir del armario. Fui por voluntad propia, necesitaba a alguien con quien hablar y de todas aquellas sesiones aquella mujer sólo sacó en claro dos cosas, que tenía carencia afectiva y que no era lesbiana. Lo primero, todavía… pero lo segundo… ejem!

Con esto no quiero decir que no existan profesionales que hagan bien su trabajo, de hecho la mitad de mis amigas han estudiado esa carrera por lo que sería desprestigiarlas, pero como en todos sitios sigue habiendo quien considera ser gay una enfermedad que necesita tratamiento.

Así comienza un artículo publicado en la página de Cadena Ser: “Aunque la reconocida Asociación Norteamericana de Psiquiatría excluyó en 1973 la homosexualidad de su lista de patologías, en España, 35 años después, aún se llevan a cabo, "de manera encubierta", terapias encaminadas a "reparar" la orientación sexual”

Normalmente suele deberse a la presión familiar y/o del entorno próximo, también aquellos que han tenido una profunda educación religiosa y que sienten estar traicionando sus creencias (para estos últimos diré que hay colectivos cristianos como el que indican en la noticia y que ambas cosas no tienen porqué ser incompatibles).

Para los demás, en fin, supongo que pocos padres o retrógrados leerán este blog, ojalá se preocupasen más por la estabilidad emocional de sus seres queridos, su bienestar y su felicidad, por desgracia, todavía hay mucho camino por delante.

jueves, 17 de julio de 2008

Orgullo Gay Madrid 2008

Hacía un par de años que no iba a la manifestación del Orgullo Gay, por el que siento un amor-odio, ya que por un lado me gusta lo de poder estar en la calle, conocer gente, asistir a conciertos, actos culturales, reírte con los amigos y por qué no, emborracharte; sin embargo, me saturan tantas personas en tan poco espacio, el calor, el garrafón, el seguir teniendo que celebrar algo como implicación de que todavía no se ha normalizado… lo mismo que me sucede con el día de la mujer trabajadora… que sigo sin saber muy bien como tomármelo.

Y bueno, la pluma, la exhibición, la visibilidad lésbica (que era el lema de este año), los famosillos, la música… tiene su puntito bastante divertido, con una excepción, el 2008. He hablado con gente a la que le ha gustado tanta carroza, pero creo que llega un punto en el que entre cervezas, tintos de verano y cubatas ya no ves demasiado bien y todo vale.

Como en esta ocasión iba más serena que ebria he podido desilusionarme por completo puesto que ha sido como ver un anuncio de televisión en mitad de tu serie favorita, de esos que te dicen en 30 segundos volvemos y estás 10 minutos, salvo que fueron casi cuatro horas y media de publicidad.

O una cosa u otra, o te manifiestas o te promocionas, e incluso ambas cosas pero con discreción, no alquilando camiones con el eslogan de tu empresa, tienda o peluquería, pancartas con tus productos y servicios y a media familia en lo alto, que algunos parecían que habían traído a la abuela, los tíos y las niñas con las amigas por el simple hecho de rellenar hueco.

El punto positivo, que una vez que entra la publicidad en el Orgullo y lo invade por completo sólo implica que la normalización está más cerca.