Tú, domadora de fieras, escondes los colmillos bajo las lágrimas. No me encierres en la jaula con ella, no me saques a la pista, no dejes que la huela, que sienta su presencia, que escuche sus pisadas. No quiero saber cómo la alimentaste con tu boca ni cómo lamiste sus heridas mientras ella te chupaba la sangre.Llagas abiertas, marcas por cada resquicio de tu piel y tu memoria, intentando cicatrizar sin éxito. Te retuerces en el estiércol con el que abonaste las vistas de un dormitorio que ni siquiera era tuyo, mientras a mí me cortas la cabellera y las garras para poder protegerte en mi regazo.
Eres tú quien me ha hecho creer que existe la libertad aunque esté encerrada. Has hurgado en cada milímetro desparasitando mis entrañas. Te debo cada latido y por eso mismo odio a quien te roba el aliento. Quedan minutos, horas, días… puede que semanas. Apretaré la mandíbula, me acicalaré para el espectáculo, entretendré al público, seguiré las instrucciones para las que he sido entrenada tantos años… pero nunca te confíes porque saltaré sobre su yugular ante cualquier movimiento.
En Puertollano,
Ya no me acuesto pensando en volverte a ver, ya no me paro a pensar en cómo sabe o se siente tu piel, pero todavía sigues siendo protagonista de esos minutos previos a lo que esta última semana se han convertido en luchas contra mí misma, en sueños de angustia posiblemente dominados por el excedente de hormonas. Ahora sólo existen finales, no principios.

Se suponía 
No te diré que esta noche te he besado,

Hay días en los que me quiero más a mí que a ti, me digo que ya basta de arrastrarse y de intentar hacerte sentir especial, que no soy mejor ni peor, pero que merezco al menos que valores mis sentimientos, que los tengas en cuenta, independientemente de no corresponderme. Me repito hasta la saciedad que aunque mañana llamases a mi puerta siempre tendrías dudas y que en mi futuro sólo necesito certezas.
Para alguien como yo, para quien las palabras sirven para estructurar su vida y definir sentimientos, es difícil no creer las tuyas y sin embargo, no te creo.
Tienes el poder de paralizarme por completo, no soy capaz de encontrar ni una frase ni una simple melodía que me llene, que me parezca suficiente. Las descarto por horteras, por faltas de ritmo, por inexpresivas, por exceso o por carencia. Recojo retales de aquí y allí, de “hartículos” de Risto, de temas de Ricardo Arjona o de Sabina (que siempre han estado más cerca de mí que yo misma), de películas como “Princesas” o “El diario de Noa”, de novelas varias... Intento darles forma, entrelazarlas, buscar un punto común... pero nada.
