martes, 11 de octubre de 2011

Fiera Domada

Su nombre me taladra el inconsciente llenando de demonios mi consciencia. Respiro sobre su nuca igual que antes tú lo hacías sobre su sexo. Ella no me ve, pero estoy ahí, aguantándome las ganas de arrancarle la piel a jirones, de morderle lo que le quede de alma y escupirla… quizá me envenene si la rozo… o quizá mi mierda sea más tóxica. Ni ella tan puta ni yo tan santa.

Tú, domadora de fieras, escondes los colmillos bajo las lágrimas. No me encierres en la jaula con ella, no me saques a la pista, no dejes que la huela, que sienta su presencia, que escuche sus pisadas. No quiero saber cómo la alimentaste con tu boca ni cómo lamiste sus heridas mientras ella te chupaba la sangre.

Llagas abiertas, marcas por cada resquicio de tu piel y tu memoria, intentando cicatrizar sin éxito. Te retuerces en el estiércol con el que abonaste las vistas de un dormitorio que ni siquiera era tuyo, mientras a mí me cortas la cabellera y las garras para poder protegerte en mi regazo.

Eres tú quien me ha hecho creer que existe la libertad aunque esté encerrada. Has hurgado en cada milímetro desparasitando mis entrañas. Te debo cada latido y por eso mismo odio a quien te roba el aliento. Quedan minutos, horas, días… puede que semanas. Apretaré la mandíbula, me acicalaré para el espectáculo, entretendré al público, seguiré las instrucciones para las que he sido entrenada tantos años… pero nunca te confíes porque saltaré sobre su yugular ante cualquier movimiento.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Las servidoras de las musas. Roles y estereotipos de las mujeres homosexuales en Chueca (VI)

Introducción
Unos cuantos "por qué" generales
Unos cuantos “por qué” sobre la homosexualidad femenina
Butch/Femme, kiki, lesbian chic y lipstick lesbian
Roles y estereotipos

Toma de contacto

En Puertollano, la primera mujer abiertamente lesbiana que conocí llevaba pelo corto, sin maquillaje, pantalones de pinzas y camisa de hombre, sus gestos y comportamientos eran desafiantes, viriles, se mostraba machista, altiva, y no dudó en utilizar la violencia cuando fue necesario. Salía con otras dos chicas que correspondían al estereotipo femenino y que repetían continuamente una frase que se me haría muy familiar años después: “yo soy heterosexual, sólo me gusta ella”, cuando ni siquiera sabían que eran tres en la relación, ni que con el tiempo, volverían a repetir la experiencia con diversas personas de su mismo sexo, hasta día de hoy, en el que las parejas de ambas es alguien del sexo masculino.

Durante mi adolescencia esta imagen volvería a repetirse varias veces, por suerte, sin cuernos ni manifestaciones agresivas por medio: aquellas que se definían como homosexuales adoptaban roles de hombre, algunas pedían que se les llamase como a uno y se dirigiesen a ellas en masculino, cambiando por completo su identidad de género, utilizando consoladores o calcetines a modo de falo para simular paquete (posteriormente las mismas se someterían a operaciones de cambio de sexo o se hormonarían). Eran y son las butch españolas que Gimeno (2007, p.266) se empeña en dudar de su existencia, quizá porque en la actualidad se les identifica como transexuales, por lo que butch dejaría de tener validez a no ser que se le equiparase con “camionera”.

Otras, sin embargo, camuflaban su físico y aparentaban ser un hombre, pero no adoptaban roles masculinos, era un “disfraz” que la mayoría se quitó con el tiempo.

He de decir que no conocí a ninguna que cumpliese el prototipo femme porque pese a reflejar todos sus rasgos físicos y “comportamentales”, salían con un hombre y tenían escarceos con mujeres, o bien, mantenían sus relaciones lésbicas en secreto (todavía lo hacen). Cuando les preguntabas sus razones decían que ellas eran heteros y no querían que el resto las viese como “bolleras” o que sus familias no debían enterarse (llegaron a amenazar a sus parejas para que mantuviesen la boca cerrada). Para mí, se debía a una homofobia auto-infringida.

No pretendo basar mi estudio en las puertollanenses, pero entiendo que en sitios como Barcelona o Madrid no se vive igual la condición sexual que en pequeños pueblos de la península, y me parecía necesario mencionarlas puesto que sus voces son también las mías y sobre todo, porque lo considero esencial para poder hablar de diversidad e incluso para establecer ciertas similitudes y diferencias respecto a aquellos sitios en los que existe una subcultura, de la que hablaremos más adelante, que te permite ser escuchado, respetado o simplemente ser tú mismo.

Bibliografía

martes, 25 de mayo de 2010

Quedarme quieta es el regalo que le hago a la cordura

Ya no me acuesto pensando en volverte a ver, ya no me paro a pensar en cómo sabe o se siente tu piel, pero todavía sigues siendo protagonista de esos minutos previos a lo que esta última semana se han convertido en luchas contra mí misma, en sueños de angustia posiblemente dominados por el excedente de hormonas. Ahora sólo existen finales, no principios.

Supongo que es la forma en la que mi alma empieza a despedirse. Creo que llegados a este punto ya no tengo la sensación de “y si...”, salvo la de “y si estuviese en Madrid”, pero sé que eso llegará, que será tarde y que las cosas, independientemente de la distancia, existen o no existen... lo demás ha sido producto de mi imaginación o al menos, sé que así es como quieres que lo crea.

Ya he pasado los mayores altibajos de tu montaña rusa, ahora sólo quedan sentimientos extraños, una mezcla de rencor, deseo, celos (si te contase lo que da de sí mi cabeza...), indiferencia, cariño, inseguridad, ambivalencia, fuerza, ilusión, tristeza... de hecho, no sé como todos pueden estar en el mismo saco y que aun así, el que mande la marcha emocional siga siendo el amor.



Un amor que ya no cae y se levanta, sino que se mantiene en píe pero no espera, ni desespera, que se sienta en la cuerda floja a ver la vida pasar, que a veces se balancea, que incluso se atreve a soñar con dejarse caer, que no busca pretextos ni garantías, que ya ni siquiera sabe cuando reír o llorar, pero que sigue muriendo por tu boca.

Te digo adiós y acaso...

viernes, 14 de mayo de 2010

Más de cien palabras, más de cien... mentiras

Estoy bien. Ya no siento lo mismo. Soy consciente. Aprendo. Desciendo.
Pasan los días. Un mes. Silencio. Control. Asueto.
Realidad. Adiós al sentimiento. Ni tonteo ni devaneo. Físico. Objeto.
Te alejas. Me mantengo. No vuelves. Sueltas la cuerda. Sujeto.
Cuatro, tres, dos, uno... y medio.
Invención. Amor. Perdón. Amistad. Deseo.
Te espero. No llegas. Me voy. Me quedo. Me quemo.
Mirar. Dejarse tocar. Volver a caer. Despertar. ¿Y el beso?
Uno, dos, tres, cuatro... Celos.
Uno de diez. Suspenso. Ansiedad. Cabreo. Desconsuelo.
Dejarse llevar. Volver a empezar. Saber perder. Volver a caer. Juego.
Reconstruir. Recomponer. Pasado. Presente. Incierto.
Incoherencia. Contradicción. Duda. Disparate. Desenfreno.
Ajedrez. Mil reinas negras. Jaque mate al rey. Romper... el tablero.
Espero. Espero. Espero. Espero... Desespero.
Te olvido. Te sueño. Te pienso. Te deseo. Te encuentro. ¿Te quiero?

domingo, 2 de mayo de 2010

¿En qué clase de planeta estamos?



Nada que añadir al vídeo salvo que es parte de la campaña norteamericana “Rock For Equality” y que ha ganado el 4º premio del Concurso DoGooder Nonprofit Video Awards de See3 Comunicaciones y YouTube.

viernes, 30 de abril de 2010

Noche de Insomnio

No podía dormir. Me giré. Nos separaba medio metro, pero parecían cientos de kilómetros. Te miré durante unos minutos y sentí tu respirar acompasado, casi como si estuviese dentro de tu pecho. Me pregunté qué había salido mal y quise meterme entre tus sábanas y acariciarte como esa noche cuyo recuerdo parecía tan sólo un sueño lejano. Ahora ya era demasiado tarde.

Me incorporé y salí de la habitación sin hacer ruido. La madera crujía bajo mis pies descalzos. La puerta chirrió a mi espalda. La dejé entreabierta y me senté en el banco del porche. La luna iluminaba las copas de los árboles, que se movían al compás de una suave brisa de verano, era pleno agosto y sólo se escuchaba el sonido del romper de las olas bajo la colina.



Crucé las piernas y me encendí un cigarro. En el pequeño fulgor de una calada vi tu silueta aproximándose:

- Me he despertado y no estabas - me susurraste despacio para no interrumpir el sueño a las demás.
- No podía dormir – te contesté

Cogiste el tabaco y me preguntaste con la mirada si podías. Sonreí y afirmé con la cabeza. Te sentaste a mi lado y apoyaste tu mano en mi pierna mientras un escalofrío subía de mi espalda a la nuca. Volvimos a mirarnos. No hacía falta decir nada más.

Comenzaste a temblar de forma casi imperceptible, salvo porque me he acostumbrado a ciertos de tus movimientos como si fuesen míos. Cogí la manta que estaba en el respaldo y me incliné para ponerla sobre tus hombros. Me quedé apenas unos segundos con mis manos en tus brazos y te acercaste hacia mí, me rozaste los labios con los tuyos y abriste suavemente la boca. Sentí tu lengua por primera, y posiblemente última vez, buscando la mía, muy despacio, como si cualquier brusquedad pudiese hacer que amaneciese de golpe y despertarnos.

Te separaste apenas unos milímetros y me clavaste tus ojos en los míos para arremeter con más fuerza, como si una vez traspasada la barrera ya no importase nada. El mundo se nos podía caer encima porque en ese momento no existía nadie más en el universo salvo tú y yo. Hasta la luna nos hizo un favor y se escondió detrás de una nube para dejarnos asolas.

Sentada sobre mí y sin despegarnos, la humedad de nuestras lenguas fundidas fue bajando hasta la entrepierna. Mis manos se acoplaron en tu culo y te pegaste a mí como si nuestros sexos pudiesen traspasar la ropa e incluso mutar de género en cuestión de minutos. Quería sentirme dentro de ti. Tus caderas comenzaron a moverse con el mismo ritmo acompasado de tu respiración hacía sólo unos instantes a medida que los dedos exploraban, descubrían nuevos rincones donde acariciar, donde arañar.

La manta cayó al suelo y al poco le siguió tu camiseta. Me debatía entre seguir lamiéndote los labios o descender hasta tus pezones erectos, que me llamaban y jugueteaban con la yema de mis dedos. Opté por esto último mientras mi mano derecha buscaba un nuevo horizonte bajo la goma de tu pantalón y tu ropa interior y la izquierda se aferraba a tu espalda. Un breve jadeo más alto que los que le precedían salió de tu garganta en el momento que me introduje en ti y el pulgar se quedaba en tu clítoris. Un dedo fue a parar a tus labios para silenciarte y tú empezaste a lamerlo... Te cogí de la nuca y volví a comerte la boca sin dejar de tocarte. Estabas mojada y yo sólo deseaba nadar en ti, convertirme en ola y chocar contra tu cuerpo una y otra vez, que la noche no terminase nunca, cambiar el sonido de los pájaros por el de tu respirar acelerado.

martes, 13 de abril de 2010

Hay un día...

Hay un día en el que abres los ojos, ese día no pasa como en “Princesas” y resulta ser la ostia, sino que te la metes contra la realidad, así, de golpe y porrazo y sin previo aviso. Ese día, te das cuenta que no quieres ver a la gente que creías necesitabas ver, comes un bocadillo de tortilla francesa en un lugar en el que todavía no sabes muy bien que coño estás haciendo y todo lo que te pasa no significa nada salvo que por fin eres consciente de la mierda en la que te has metido tú solita.

Si llevaban razón los guionistas en que “Es como un desvío, como cuando vas por la carretera y hay un desvío hacia otro sitio. Ese día es lo mismo, y es muy importante, porque puedes elegir por donde va a seguir todo. Por eso tenemos que estar muy atentos”, salvo porque creo que el desvío se me pasó hace algún tiempo y sólo lo siguieron mi amor propio y mi autoestima.

Hay un día en el que abres los ojos y te ves persiguiendo una mentira. No un sueño ni una ilusión, sino una falacia que te habías creado en la cabeza. Ese día, no puedes arremeter contra nadie ni encabronarte con el mundo, porque sabes que la única responsable eres tú y es ahí cuando más te jode... basta con pararse y preguntarse ¿quién te persigue a ti?

Ese día lo único que tienes pegado a tu culo son las verdades que no has querido escuchar durante los últimos meses... y las dejas entrar y alojarse en tus intestinos y en tu cerebro, retenerlas allí el máximo tiempo posible, porque sabes, que a la mínima que te descuides, la quimera que te acecha te hará de nuevo prisionera.

viernes, 9 de abril de 2010

¿Alguien quiere una cerveza? Elektra – I don´t do boys

No se si me gusta más el vídeo o la canción, pero como las imágenes no necesitan explicación mejor os cuento que la canción se titula “I don´t do boys” que viene a ser “No me acuesto con chicos”. Sus intérpretes son la banda islandesa Elektra.



No ha resultado nada fácil encontrar información de estas chicas, sólo os puedo decir que el año pasado se presentaron para representar a su país en el Festival de Eurovisión con “Got no love” y que se definen en MySpace como un grupo de electro-rock.

A mí desde luego, Nana (vocalista y guitarra), Eva (bajo y guitarra), Dísa (batería), Brynhildur (vocalista y guitarra) y Linda (teclado, sitetizadores y vocalista) han hecho que a falta de otra cosa me esté tomando una cerveza mientras escribo este post.

Si quieres leer la letra en inglés y en español de “I don´t do boys” puedes visitar la web de Lesbicanarias.

BolloNoticias: ¿De dónde viene el término bollera?

Últimamente tengo abandonada la temática lésbica general y me estoy centrando demasiado en mí lesbianismo particular, una introspección que no viene mal en determinadas épocas, pero que para quien lo lee puede resultar extremadamente aburrido... así que hoy nace “BolloNoticias” y espero que ninguna se sienta ofendida con la expresión porque al fin y al cabo, la etimología de “Bolleras” es bastante curiosa, no sé si cierta, pero ¿qué coño? A mí me gusta.

Se suponía hasta hace unos años que “bollo” hacía referencia a cuestiones gastronómicas-festivas (amasar “bollo” ajeno, para que nos entendamos), pero desde el 2003 hay quien defiende que su origen está en “boyera”, referido tanto a las mujeres que tiran carros de bueyes, actividad considerada masculina, como en las antiguas sacerdotisas que milenios antes de Cristo realizaban la misma tarea y celebraban ceremonias religiosas en las que las únicas participantes eran mujeres. De hecho, la “constelación boyero” fue bautizada en un principio como “boyera”, luego llegó el machismo católico religioso y decidieron ponerle un nombre más acorde a sus creencias “varoniles” y quitar toda referencia femenina.

Breve inciso: podéis echarle un vistazo a esta entrevista a Félix Rodríguez, autor del primer diccionario gay-lésbico español.

Una vez aclarado el término para que no parezca despectivo, sólo deciros, que esta nueva sección recogerá algunas de las noticias sobre la homosexualidad femenina aparecidas en los medios de comunicación que más me hayan llamado la atención. Anteriormente, hacía una valoración “crítica” de las mismas y las comentaba, pero en la actualidad mi tiempo por desgracia es limitado para tanta información, aun así, algo se hará. Ya me diréis qué os parece.

jueves, 8 de abril de 2010

Inspiración

Es lo único que tenía que nunca ha sido mío, iba y volvía a su antojo, aparecía en labios de una noche, en el fondo de un vaso de ron con coca cola, en una mirada, en el rellano de una escalera, en un vagón de metro, pero sobre todo, en mis insomnios.

A veces venía y se alojaba en mi garganta, me hacía gritar hasta quedarme afónica; otras, se adueñaba de mi entrepierna y se iba de juerga, regresaba de madrugada borracha, cachonda, perdida y con ansias de lamer los cuerpos que le habían rozado sin querer, sin saber que justo al lado tenían una bestia capaz de devorarles la carne hasta los huesos, sin más hambre que el puro deseo desmedido de quien no encuentra agua que le quite la sed.

En ocasiones, se vestía de rosa, se ponía un lazo en la cabeza y dibujaba corazones en el aire... andaba como a saltitos por mi casa, pero ella prefería decir que “levitaba”, que así sonaba más poético. Llenaba todo de flores, sonaban canciones horteras a cualquier hora y se mantenía en un estado de duermevela, que lógicamente, ella prefería llamar “ensoñación”. Lo peor es cuando despertaba y se arrancaba la ropa a tiras, me arañaba por dentro, reabría mis heridas, destrozaba a patadas la coraza que tanto tiempo me costaba construir, me escupía, me insultaba y terminaba en un rincón, desnuda, llorando como una niña pequeña. Después de su última crisis, desapareció.

Han sido muchos años con ella y la verdad que pese a sus caprichos terminé cogiéndole cariño... de hecho, la sigo esperando cada amanecer y nunca llega. Hoy por fin se ha dignado a escribirme una postal, no lo había hecho antes: “Me encontrarás en el callejón sin salida de sus piernas buscando la forma de llegar a su alma y vestirme nuevamente de rosa”

martes, 6 de abril de 2010

¿Hasta dónde llegarías por un sueño?

Hay una persona que ha sido parte importante de las letras de este blog y que siempre me abre ventanas a nuevas perspectivas, en esta ocasión en forma de vídeo.

Es un corto de Pixar que se titula Kiwi! Pero no la fruta que favorece el tránsito intestinal como los yogures de Coronado, sino el ave “Apterix”, que significa “sin alas”... Ya me diréis si no es una putada ser un pájaro y no poder volar y es que esta especie, autóctona de Nueva Zelanda, tiene unas minúsculas alas bajo su plumaje pero morfológicamente no pueden emprender el vuelo.

Nuestro protagonista, sin embargo, no quiere perderse esa sensación y está dispuesto a hacer lo que sea necesario, por lo que no duda en crear una realidad paralela que le permita alcanzar su sueño, aunque el desenlace pueda ser fatal...



Uno de los comentarios donde lo he encontrado es: “Jo, qué dramón, ¿pero hasta ese punto merece la pena? A veces no podemos conseguir todo lo que deseamos...” y quizá lleve razón... por eso la existencia se trata de elecciones, en este caso ¿vivir sin haber volado nunca o morir volando? Yo tengo muy clara mi respuesta... y tú?

lunes, 22 de marzo de 2010

No te diré...

No te diré que esta noche te he besado,
No te diré que al menos una vez por semana mis manos se aprenden tu cuerpo de memoria
No te diré que te echo de menos
No te diré que busco canciones sólo para encontrarnos en ellas
… y que muchas de ellas avergüenzan hasta a mi parte más hortera
No te diré que me dejo el móvil en casa para evitar tentaciones
No te diré que escribo cartas que nunca mando
No te diré que tu nombre aparece en siete de diez conversaciones
No te diré que “eres mi rincón favorito de Madrid”
No te diré que te pienso más de lo que debería...
… ni que te sueño, imagino o recuerdo.
No te diré que me duermo abrazada a la almohada repasando el “día D”
No te diré que sonrío siempre que sé de ti
No te diré que contengo nueve de cada diez impulsos
No te diré que he tenido la oportunidad de besar labios que no son los tuyos y no he podido
No te diré que me asusta asustarte
...y que es precisamente la razón por la que no te diré que me muero por decirte tantas cosas.

domingo, 14 de marzo de 2010

Hasta que el cigarro se consuma

En mi trabajo hay un rincón para fumar con sofás y vistas a la ciudad, normalmente siempre hay gente, pero incluso cuando no es así me voy a las escaleras de emergencia y apoyo la espalda contra la pared, entonces enciendo el cigarro, doy la primera calada y soy consciente de la música, a veces no pasa nada y otras, suena Amaral.



Sonrío y pienso en ti. Intento imaginar qué estarás haciendo tú al otro lado y si alguna vez se cruzarán nuestros pensamientos sin que seamos conscientes...

Si estuviésemos en una serie la cámara habría atrapado justo el momento en el que esbozo la sonrisa y se habría ido a Madrid para grabarte a ti... ¿haciendo qué? Puestos a imaginar en positivo, quizá frente al ordenador viendo alguna de mis múltiples huellas en Internet y quizá, también sonriendo. Como es lógico, la canción seguiría sonando mientras aparece un primer plano tuyo y de la pantalla... la gente que lo estuviera viendo no necesitaría más, porque ya sabría que significaba todo incluso sin que nosotras mismas lo sepamos.

Ese es el poder que tiene la “ficción” frente a la realidad, la omnipresencia de un “ojo” que todo lo ve, como Gran Hermano, pero los “personajes” sólo saben de sí mismos, de sus sentimientos, ilusiones y esperanzas... no saben lo que sucede más allá de lo que alcanza su vista y sólo les queda, como a mí, imaginar y sonreír, al menos, hasta que el cigarro se consuma.

jueves, 4 de marzo de 2010

La elegancia del erizo

“...No podemos dejar de desear, y ello nos magnifica y nos mata. ¡El deseo! Nos empuja y nos crucifica, llevándonos cada día al campo de batalla donde, la víspera, fuimos derrotados, pero que, al alba, de nuevo se nos antoja terreno de conquistas; nos hace construir, aunque hayamos de morir mañana, imperios avocados a convertirse en polvo, como si el conocimiento que de su caída próxima tenemos no alterara en nada la sed de edificarlos ahora; nos insufla el recurso de seguir queriendo lo que no podemos poseer y, al llegar la aurora, nos arroja sobre la hierva cubierta de cadáveres, proporcionándonos hasta la hora de nuestra muerte proyectos al instante cumplidos y que al instante se renuevan. Pero es tan extenuante desear sin tregua...

Muriel Barbery

martes, 2 de marzo de 2010

¿Uno más uno?

Una cerveza, mil cigarros, tu nombre en la bandeja de entrada.
Una sonrisa, un sueño, un olor, un recuerdo, un amanecer, un hueco en la cama.
Un sms, un quizá, un mañana, un contigo y un sin ti, una caricia, una llamada.
Una mano recorriendo mi espalda.
Un beso por dar, un silencio, una atracción, un quiero y no puedo.
Un teléfono que no suena, una puerta que se cierra, unas sábanas frías, un dedo entre mis piernas... otra forma de pensarte.
Una verdad, cien mentiras, un reencuentro por cada tres despedidas.
Veinte canciones, cuarenta letras, millones de palabras, perder la cuenta.

domingo, 28 de febrero de 2010

Hay días...

Hay días en los que me quiero más a mí que a ti, me digo que ya basta de arrastrarse y de intentar hacerte sentir especial, que no soy mejor ni peor, pero que merezco al menos que valores mis sentimientos, que los tengas en cuenta, independientemente de no corresponderme. Me repito hasta la saciedad que aunque mañana llamases a mi puerta siempre tendrías dudas y que en mi futuro sólo necesito certezas.

Hay otros días en los que me digo que más vale hacer y decir lo que siento para caer una y mil veces que verme dentro de un año y tener la sensación de no haber dado suficiente, porque no me lo perdonaría, porque prefiero que desaparezcas de mi vida por ser quien soy a que sigas en ella por fingir lo que no siento.

No sé si me gusta lo complicado o es simple coincidencia, lo que sí te puedo asegurar es que llevabas razón en que cuando lo consigo me canso, pero no por las razones que tu crees, sino porque alcanzar un sueño tres años después no siempre compensa, porque el tiempo y la distancia terminan por erosionar todo, hasta la idea que hoy tengo de ti, porque llega un momento en el que los días en los que me quiero más que a ti ganan a los días en los que tú eres la razón de todo... por ahora, ese momento no ha llegado y sólo espero que si llega, nunca llames a mi puerta... mientras tanto, seguiré esperando escuchar el sonido de tus pasos en el rellano.

jueves, 25 de febrero de 2010

I don´t believe you

Para alguien como yo, para quien las palabras sirven para estructurar su vida y definir sentimientos, es difícil no creer las tuyas y sin embargo, no te creo.

Me aferro a lo que me dicen tus ojos, tus silencios y tus gestos, pero es como negarme a mí misma, así que repaso tu discurso y ahí también encuentro vacíos y contradicciones, simples frases que para ti no son nada y a mí me siguen sosteniendo en esta fantasía que sólo busca ser realidad.

Tú no tienes la culpa de que no te crea, del mismo modo que no creo en imposibles, ni de que me aferre a la sospecha de una duda cuando la única certeza que debería bastarme es mirar a mi lado y no verte.



Quien sabe si al mismo tiempo que te mentía me engañaba a mí misma cuando te escuchaba, pero vuelvo a repetirte, que no eres culpable de que yo haya descubierto que el amor no es realmente ciego, sino sordo... ni de que esta sordera crónica me siga manteniendo en pie, buscando un futuro en el que la voz que pronuncia las palabras que hoy no creo me despierte cada mañana.

sábado, 9 de enero de 2010

El amor y las piscinas

Mi primo me dijo una vez que el mejor momento para conocer el amor de tu vida era entre los 22 y los 25. Si aparecía antes no sabías valorarlo como merecía porque siempre pensamos que el mañana nos traerá algo mejor y si llegaba más tarde, pagabas los miedos, fracasos y frustraciones que habías tenido en el pasado, quizá por eso, llegada una edad, resulta difícil encontrar a ese “alguien especial”.

Yo lo comparo con una piscina (ya sabéis que no ando muy bien de la cabeza). La primera vez que te enamoras te subes a lo más alto del trampolín y desde tan arriba no ves si hay agua o no, pero no importa, te lanzas con una doble pirueta y tirabuzón y te partes las piernas. La segunda, coges carrerilla pero te escurres en el borde. La tercera, saltas de cabeza y te la abres...

Después de varios intentos, apareces con manguitos y flotador, pruebas el agua con el pie antes de entrar y decides bajar por las escalerillas, pero... un peldaño está suelto y te la vuelves a pegar... así hasta que llega un momento en el que a tu set de baño incorporas todo lo inimaginable: casco, rodilleras, coderas, protección para la espalda... Y sin reconocerte ni a ti misma te sumerges.

Cuando compruebas que no pasa nada, cuando vuelves a confiar, te das cuenta que debes ir quitándote cosas para disfrutar, pero lo haces poco a poco, no sea que algo falle... y como te has puesto tanta mierda encima, antes de que termines y vuelvas a ser tú misma se acaba el verano y vuelven a vaciar la piscina.

No sé cual es la mejor solución, pero yo, y a riesgo de no llegar al próximo periodo estival, prefiero seguir tirándome desde el trampolín.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Entre tus piernas

Cansada de ser siempre la misma idiota
que flota entre nubes de algodón,
hoy me aferro a tu cintura y no me suelto,
hoy deslizo tu camisa entre mis dedos,
hoy arranco hasta el último botón.

Cansada de comerme la cabeza
con promesas que se pierden en papel,
hoy empleo la lengua en otra cosa,
hoy te como la vergüenza,
hoy derribo con mi boca... esa torre de Babel.

Cansada de arreglar mi alma rota
y curarla con tiritas que no pegan,
hoy me salvo en el vaivén de tus caderas,
hoy desnudo tus jadeos con mis manos,
hoy las horas sólo cuentan en orgasmos.

Cansada de buscarme entre las sombras,
de encontrarme siempre en los demás,
hoy me pierdo lamiéndote los labios,
hoy me escondo entre tus piernas,
hoy despierto de este sueño... que no encuentra su final.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Ni una simple melodía

Cuando me bloqueo y no puedo escribir siempre encuentro las palabras en las letras de otros, raras veces en poemas, algunas de ellas en fragmentos de algún libro y la mayoría en canciones, y eso es lo que llevo haciendo los últimos días: buscarte, buscarme... buscarnos.

Tienes el poder de paralizarme por completo, no soy capaz de encontrar ni una frase ni una simple melodía que me llene, que me parezca suficiente. Las descarto por horteras, por faltas de ritmo, por inexpresivas, por exceso o por carencia. Recojo retales de aquí y allí, de “hartículos” de Risto, de temas de Ricardo Arjona o de Sabina (que siempre han estado más cerca de mí que yo misma), de películas como “Princesas” o “El diario de Noa”, de novelas varias... Intento darles forma, entrelazarlas, buscar un punto común... pero nada.

He llegado a la conclusión que por primera vez nada de lo que pueda sentir esta escrito de antemano, quizá simplemente no se puede por aquello de la mierda de la limitación del lenguaje o puede, que al fin y al cabo, estas cosas sólo estén pensadas o creadas para sentirse.

En determinadas ocasiones de mi vida he tenido un nudo a mitad de camino entre el pecho y el estómago que me cortaba la respiración, ahora es como algo intangible que levita, que sube o baja dependiendo del momento del día, que no duele ni aprieta, que controla mis emociones sin permiso.

Luego esta esa otra parte física, no menos importante, la que se apodera de “Mimosín” y le coloca una fusta en la mano (bueno, quizá no tan exagerado). La que hace que no pueda tenerte a menos de 10 centímetros de mi boca, la que más bien desearía que estuvieses a esa distancia, esa sensación de estar con el freno de mano echado y pisando hasta el fondo el acelerador.